Alza el vuelo en Meteora

Meteora es un conjunto de peñascos de piedra arenisca formados bajo el mar hace 30 millones de años. Descubiertas y coronadas por varios monasterios bizantinos ofrecen un espectáculo que es una maravilla para los sentidos. La paz sobreviene en sus miradores y en el grácil paseo por sus curvas de roca tostada.

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Tras nuestra agradable visita a Salónica, tomamos un bus hasta Kalambaka, pueblecito a los pies de Meteora. Tras descansar en el hotel King (a 10 euros por persona y noche, más o menos como los otros hoteles de alrededor), nos encaminamos hacia la ruta que conecta el pueblo con las montañas.

No fue ardua la subida, pero tras 30  min de caminata nos dimos cuenta de que podíamos estar más en forma. Es factible realizar la visita a pie, pero da tiempo a disfrutarla más si se dispone de un vehículo. En nuestro caso, fuimos muy afortunados. Conocimos a una pareja de Madrid que nos llevó en el suyo a recorrer los distintos miradores y entrar en algunos de los principales monasterios, como el de Ayios Stéfanos o el de la Transfiguración. Estas joyas de la arquitectura son especialmente apreciadas por sus espléndidas pinturas al fresco. El precio es de 3 euros por monasterio y la condición de que las mujeres se cubran las piernas con una falda que las monjas (algo refunfuñonas, todo cabe decir) proporcionan en la entrada. Por cierto, ¡mucho cuidado con las muestras de cariño frente a los lugares sagrados! Un leve abrazo nos valió la increpación de un monje al grito de: Holly place!

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Meteora es un lugar de ensueño, que invita a la meditación y al descanso. Tras el ruido de las grandes urbes, el espíritu halla en este paraje un instante de armonía, un respiro ante la nube de impasibilidad que amenaza a los cielos urbanos, un motivo para alzar el vuelo.

Por unos momentos, nos sintamos pájaros. Libres y sin prejuicios, regalados al viento fresco de octubre, a la vegetación espesa de la que nacían aquellos templos de piedra. Nos sentimos pequeños y enormes, esclavos y dueños de un mundo que a veces ciega con su belleza. Acogidos en el seno de su naturaleza exuberante, recién nacidos en un paraíso que nos invitaba a respirar.

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