Embrujados por Santorini

Creíamos que su fama sería infundada, otra moda más del negocio turístico. Pero cuando nuestros pies aterrizaron en su perfumada tierra, el embrujo de Santorini nos hechizó para siempre. La isla blanca y azulada se baña en las costas del mar Egeo, seduciendo con sus pestañas de fuego y sal a todo aquel que encalle en su puerto.    

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Tomamos un ferry (de tropecientas horas) desde Atenas hasta la isla. Una salvaje tormenta nos recibió de madrugada en el puerto. Nada más llegar, unos hombres de una agencia de viajes nos propusieron llevarnos en su furgoneta a Fira (Thira), la población más grande y cercana, y dormir en el hostal que nos ofrecían, a 10 euros la noche. Desconfiados por su apremiante presencia y sus insistencias, declinamos la oferta. Estábamos convencidos de que sólo trataban de estafarnos y de que conseguiríamos algo mejor por nuestra cuenta. Error de principiantes. El resultado fue el siguiente: tres horas esperando en una cafetería a que cesase de llover y una exhausta constatación de que ningún bus nos recogería y de que la única manera de llegar a Fira a esas horas de la mañana era andando (por una cuesta embarrada, unas dos horas) o en burro (nos hizo gracia la proposición, sí, pero no lo llegamos a considerar en serio; no nos convence el sometimiento animal). Así que no nos quedó otro remedio que hacer autostop con un anciano griego que iba con unos cuantos vinos de más. Y, al llegar a Fira, el apartamento más barato que encontramos fue a 10 euros por noche. Así que, amigos, a veces no está mal dejarse “engañar” un poco y aceptar las propuestas iniciales.

Nuestra estancia en Villa Vila fue maravillosa. Un conjunto de casitas encaladas con vistas al mar. Parecíamos los protagonistas de una película. Todo tan perfecto que hasta hacía desconfiar (sin fundamento). La temperatura ideal, el viento justo, la gente agradable, el apartamento confortable, el paisaje inmejorable. Pasamos tres de los mejores días de nuestra vida en la isla.

Aunque Fira sea muy bella, la zona más turística de Santorini es Oia, al norte de la isla. Es allí donde se encuentran las famosas casas de cúpulas añiles que lucen en postales y fotografías de todo el mundo. También es allí desde donde, se dice, es posible verse uno de los Atardeceres más hermosos del planeta. Nosotros lo vivimos de manera muy especial. Encaramados en una azotea, rodeados de decenas de turistas, pudimos sentir la energía que desprendía la ilusión de cada individuo, confluidas en un solo lugar, en aquel mismo momento en que el sol, ardiente y colosal, se despedía del trajín humano.

Tan mágico o más aún, fue el Atardecer que presenciamos desde La Playa Roja (al sur de la isla), la tarde siguiente. Tras un camino bucólico por carreteras casi abandonadas, decidimos descansar en una elevación que dejaba a su derecha las arenas escarlatas de la famosa costa carmesí, y a su izquierda el lienzo majestuoso de la caída del sol. Permanecimos en silencio unos cuantos minutos, saboreando la paz que emanaba de la tierra y el mar, testigos de la intimidad que el cielo nos ofrecía. Solo a nosotros. Únicas almas en aquel pedazo de nada en el que al fin lo hayamos todo.

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Declinamos la oferta de visitar el Volcano de Santorini, ya que nuestro presupuesto era ajustado y preferimos disfrutar un poco de la gastronomía local (moussaka, pescado fresco…). Rara vez nos movimos en autobús, ya que es muy fácil desplazarse con auto-stop en la isla. Nunca olvidaremos la mañana en que un heladero nos subió a su furgoneta. ¡Tres personas sentadas en el asiento del copiloto fue una auténtica locura!

No es un rumor que Santorini es una isla de ensueño. Es uno de los lugares más hermosos que nunca hemos visitado. Es cierto que intentan sacar provecho de esto y que hay que estar alerta para no acabar pagando de más, pero es posible visitarla con poco dinero. Santorini no es mágica, es la magia en sí misma. 

Recuerdo la primera vez que te quise; el sol ardía en Santorini y el aire olía a silencio. Tu cabeza se perdía en un pasado y mis pies volaban sobre la arena escarlata. Entonces supe que quería escribirte. Delinear con sal y tinta el Horizonte que asomaba. Hablar de los temblores de la azotea blanca, de cómo fui tuya y a la vez más mía que nunca. Tatuar el cielo griego en cada uno de tus poros. Enamorarme sin miedo, con ansia, volver y revolver a navegar en tu pecho.

Qué bueno que hoy es hoy y tú estás a mi lado. Qué lindo el insomnio para escuchar las versiones de tus cuentos de cama. Qué genial rimar cada día un nuevo rap, con la alegría en el alma y el arte en el culo. Qué bonito reírte, a carcajadas anchas, y que me rías sin juicios.   

Qué feliz ser libre contigo…

Laura, a Sergio

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2 comentarios en “Embrujados por Santorini

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