Esplendor en el lago de Ohrid

Nuestra última parada de nuestro viaje por Serbia, Kosovo y Macedonia y la primera en recordar. Joya de la naturaleza situada al suroeste de Macedonia, junto a la frontera de Albania. Nos alumbró su destello azulado, sus aguas inmensas con sabor a vida.

Después de un largo viaje por los Balcanes acabamos en Ohrid, una ciudad tranquila y con muchos recovecos donde disfrutar de la naturaleza y la espiritualidad. El pueblo es una maravilla, de aires medievales y callejuelas que invitan a perderse. En nuestro paseo nos encontramos con varios talleres artesanales, como el Taller de Papel y el de Taller de Escultura en Madera. Sin embargo, lo más fascinante de Ohrid es su hermoso lago, con el que nos topamos al llegar. Limpio y transparente, sosegado y gigantesco. El lago se extendía hasta donde podían alcanzar nuestros ojos.

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Paseamos por toda la ciudad recorriendo sus más emblemáticos lugares: St. Jovan Kaneo, Saint Sophia, Sveti Kliment Ohridski, su viejo teatro Ancient Theatre y demás lugares. La fortaleza Tsar Samuel fue también algo que nos agradó, con unas vistas fantásticas del lago y la ciudad. Su precio bajísimo no fue un impedimento para disfrutar durante una hora de sus vistas y sus murallas.

Nos hospedamos en un apartamento por 5 euros la noche. El dueño del mismo no recomendó lugares donde ir a comer y también para salir a la noche. Fue una noche movidita y solo nos acordamos del nombre del Jazz In, lugar nocturno donde la música y su miscelánea hacen de una lugar idóneo para tomarse unas copas.

Pero sin ninguna duda, Ohrid es tan especial gracias a su lago. Inmenso, bello y transmisor de entusiasmo y armonía. Sus 350 km cuadrados de superficie hacen de la laguna un mar. Recordamos haber tenido reflexiones diferentes en nuestra visita.  Laura encontraba en el pueblo macedonio una excusa para parar, aflojar los nervios, nutrirse de la belleza y no pensar. Ohrid era un espacio para aflojar el ruido y rendirse a la calma. Para Sergio era diferente, siempre lo es. Cuando se reencuentra con un trozo de “mar” le recuerda a la bella Menorca. Ohrid solo proyectó, una vez más, la paz que él lleva consigo.

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