Culturas y ritmo en Estambul

Todos han oído hablar de Estambul, muchos se han acercado a visitarla, pero solo unos pocos han podido sentirla de verdad. La Tierra de los mil colores, del bullicio y el sosiego, las épocas imperiales y la fusión entre dos mundos. Estambul, eterna e inolvidable.

¡Qué decir de la antigua Constantinopla! Es la mágica frontera entre Oriente y Occidente, mezcla de culturas y vidas. Un pequeño planeta en una sola ciudad. La séptima ciudad más grande del mundo nos acogió esta vez por separado, pero nos juntó gracias a su belleza, diversidad, vida, alegría e historia.

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Aprovechando la cercanía entre Estambul y Varna, decidimos coger un autobús directo, cuyo trayecto es de unas 8 horas. La llegada a la ciudad recorriendo su autopista es una de las cosas más impresionantes que recordamos. Bajo la luz del alba, las imágenes de rascacielos junto a mezquitas ilustraban de manera real esos paisajes en negro y naranja tantas veces vistos en internet, cuando uno buscaba paisajes en Google.

Estambul lo tiene todo, difícil es explicaros en unas líneas lo que ofrece. Se halla dividido entre la parte europea (a ambos lados del puente Galata, cruzando el famoso Cuerno de Oro) y la parte Asiática separado por el Bósforo.
Ruido, ¡sí!, gente, ¡sí! Muchas personas ofreciendo cosas, reclamando su atención e insistiendo constantemente resultaba pesado, pero al final, con buen humor, acabábamos manteniendo una pequeña charla y unas risas con algún vendedor durante un par de minutos. La insistencia valía la pena. Quizás no acabábamos comprando nada, pero intercambiábamos historias y sonrisas.

La ciudad tiene contrastes increíbles, zonas frenéticas como el Gran Baazar y zonas tranquilas como los muelles o algunos miradores.
Visitamos la zona de Fatih, varias mezquitas junto a algunos miradores, multitud de comercios y lugares donde parar a comer un delicioso Durum de Cordero. Paseando por la zona baja del distrito nos topamos con la pureza de Estambul: calles abarrotadas de comercios, artículos en la calle, comida rápida y económica. La diversidad cultural es tan palpable como la desigualdad de clases. Unas calles más arriba se encuentra una zona comercial, infinidad de marcas se aglomeran a ambos lados. El capitalismo turco.

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En el mismo barrio de Fatih reside la zona de Sultanahmed. Rincón precioso y turístico por excelencia de Estambul, donde pudimos visitar La Mezquita Azul (Blue Mosque) y la mezquita-museo AyaSofia. A unos 100 metros de Ayasofia, se encuentran Las Cisternas de la famosa Medusa. El precio es de 7 euros, pero la entrada es muy recomendable. Un lugar con una energía especial, casi mística. ¡Nos encantó! De incalculable belleza es el palacio de Topkapi, sede de los sultanes durante el Imperio Otomano.

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Caminar y perderse entre sus cuestas y calles, tomar un baño turco (masajes por todo el cuerpo con agua) y fumar shisa en algún local más “chill out” son buenas actividades que realizar en Fatih.

La zona cercana al puente de Galata, donde se encuentran los pescadores, es también un lugar precioso. Por aproximadamente 3 liras turcas se puede comer un bocadillo de pescado frito y por 2 liras es posible recorrer el Cuerno de Oro en ferry.

Al otro lado de la parte europea nos alojamos en Taksim. El hostal Bella Vista nos acogió, económico y muy acogedor, con una terraza con preciosas vistas y una zona donde tomar unas copas junto a otros trotamundos.
La zona de Taksim, con su plaza y su ancha avenida peatonal repleta de comercios internacionales, nos recordaba a la de una capital europea. Bajando sus calles nos topamos con la torre de Galata. Nos enamoró la la zona más bohemia, con mucho arte callejero, numerosos locales y clubs donde tomar una cerveza junto a buena música, para todos los gustos.

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En Taksim, en la parada de tranvía “Kabatas”, embarcamos en un ferry que durante una hora y media hizo un recorrido por el Bósforo. ¡Sólo por 15 liras! Desde el barco pudimos contemplar ambas zonas, la europea y asiática, atravesadas por varios puentes, las lujosas mansiones de Besiktas, el bello palacio Dolmabache y demás lugares de ensueño. En ese mismo recorrido tuvimos la suerte de ver tres delfines bailando y saltando junto a nosotros, un instante mágico, recuerdo de por vida de nuestro viaje a Estambul. Otra opción es visitar Las Islas Príncipe. Quizás no son las islas más bellas del mundo, pero el recorrido en barco merece la pena.

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Un atardecer muy especial se puede disfrutar en Ortokoy, al alumbro del puente de colores. El sol se insinúa, reflejado en el mar, hasta desaparecer con su contoneo de oro y carmín.

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Estambul es una ciudad de gran belleza, interés cultural y mucha historia. Pero lo realmente grande de Estambul son sus gentes. Genuinas, generosas y cercanas.

 

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Un comentario en “Culturas y ritmo en Estambul

  1. Antonio dijo:

    Me parece maravillo, me encantara visitarlo después de haber sobrevolado Estambul con la imaginación a leer lo que has escrito sobre esta ciudad y visualizar las fotografías tan hermosas que habéis hecho. Felicidades por vuestra estancia allí y por relatarnos los encantos de esta ciudad.

    Le gusta a 1 persona

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