La última aventura búlgara

Nuestra experiencia EVS no ha sido cómo esperábamos. A pesar del aprendizaje, las aventuras y los fabulosos momentos que hemos vivido, un sabor agrio lleva un tiempo revoloteando en nuestro paladar. El reto de vivir con absoluta libertad nos ha costado más de un dolor de cabeza. Resulta paradójico, pero el ser humano necesita una misión, un objetivo que perseguir, una tarea que desempeñar día a día para sentirse “libre”. No tiene por qué tratarse de un trabajo rutinario, pero sí de una aspiración personal. Una idea, un proyecto o, quizás, un viaje.  Nosotros optamos por lo último. Viajar y escribir para darle sentido a una existencia cuyo único sentido, a fin de cuentas, es existir.

Nuestro viaje final por Bulgaria antes de nuestra gran aventura ha logrado que nos reconciliemos con el país. A veces las experiencias subjetivas influyen de manera descomunal en nuestros juicios, pero la realidad es que Bulgaria es un país de una belleza increíble. Muy, muy verde. Repleto de paisajes alucinante, escenas bucólicas y hogares humildes. Todavía a día de hoy nos cuesta enfrentarnos a las miradas de acero de sus gentes, pero desde que sabemos que los búlgaros sonríen por dentro, lo llevamos mucho mejor 😛

Alquilamos un coche con la compañía Top Rent a Car con tres amigos más y nos lanzamos a conocer algunos de los rincones que nos faltaban por descubrir.  El último viaje por las estepas búlgaras comenzó en Tryavna. Es un pequeño rincón de ensueño situado en el corazón de Bulgaria. Nos acogió con una agradable temperatura y con la sencillez de sus gentes a cada paso que dábamos. Este pueblecito es considerado uno de los más bellos de Bulgaria. La tranquilidad y la calma reinan en él. Un día es suficiente para recorrerlo y saborearlo. Su pequeña plaza custodiada por su campanario, su pequeño puente, sus casas bajas y sus talleres artesanales hacen de Tryavna un lugar único. En nuestra opinión este pueblo merece la pena visitarlo si en vuestra ruta por Bulgaria os viene de camino hacia otro lugar, pero no acudir allí de manera específica, ya que en un par de horas es posible recorrerlo con tranquilidad.

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Bien entrada la tarde, después de recorrernos el pueblecito en varias ocasiones y disfrutar de lo que este nos ofrecía nos topamos, a la entrada del pueblo, con una antigua fábrica textil abandonada. Si queréis disfrutar de una aventura diferente y gozar de unas vistas hermosas desde lo alto de la fábrica, ¡no dudéis en entrar!  El lugar está bastante derruido y teníamos la sensación de que allí dentro no estábamos solos. Algunos sofás y enseres de lo que se presumía una casa para los sin techo, multitud de material textil y restos de vida humana nos acompañaron durante la subida por sus antiguas escaleras. ¡Todo un escenario de peli de terror!

Hay varios restaurantes típicos a los que acudir. Como en la mayoría de establecimientos búlgaros el precio y la calidad van cogidos de la mano, Si decidís pasar la noche en Tryavna podéis acudir a cenar al restaurante Zograf, donde ponen música tradicional y los comensales bailan durante bien entrada la madrugada. ¡Recomendamos probar el pollo kavarma!

Para dormir, encontraréis multitud de apartamentos a partir de 4 o 5 euros por persona. También existes varios hostales donde los precios son verdaderamente económicos. Nosotros nos alojamos en el Borova Hostel, por 6 euros cada uno. La mujer sabía español y fue muy amable en todo momento.

Nuestra segunda parada fue el Monumento Comunista de Buzludja. Llevábamos mucho tiempo queriendo hacer esta visita, aunque no estábamos seguros de que realmente fuese a merecer la pena (algunas personas nos decían que sí, otras que no…). Sin embargo, no nos decepcionó en absoluto. Nos atrevemos a decir que es uno de los lugares más fascinantes de Bulgaria. El OVNI (como muchos le llaman, debido a su descomunal tamaño y extravagante forma de platillo volador) servía de cuartel general del Partido Comunista Búlgaro. Es más, todavía hoy les pertenece y una vez al año hace las veces de centro de peregrinación de sus simpatizantes. Sin embargo, por falta de recursos el Partido lo tiene abandonado, a merced de los saqueadores y los curiosos que nos acercamos a husmear.

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Recordamos haber jugado a adivinar el motivo de su erección en aquel lugar. En aquel punto tan alto, sobre una pradera intensamente verde y empinada, rodeado de montañas de una belleza tan inmensa como su tamaño. Algunos pensamos que fue una muestra de soberbia y poder, otros que era un lugar estratégico para otear. Lo que no sabíamos es que el monumento se encuentra en un lugar tan inhóspito y alejado debido a la historia que le precede. En 1868 tuvo lugar justo aquí la última batalla entre los búlgaros y los otomanos y, veintitrés años después, Dimitar Blagoev fundó clandestinamente el partido antecesor al Partido Comunista Búlgaro. El monumento de Buzludja es, pues, un símbolo de la victoria del comunismo que se hizo con la soberanía de Bulgaria al fin de la Segunda Guerra Mundial.

El monumento en sí no es bello, sino imponente. Lo realmente maravilloso es el entorno que lo envuelve y la posibilidad de interaccionar con él en su interior. Construido por algunos de los mejores artistas venidos de todas partes del mundo comunista, el palacio se convirtió en uno de los edificios más colosales de la época. Actualmente está muy deteriorado, cubierto de grafitis y basura, pero eso no impide vislumbrar un esplendor que aún sigue vigente en las cristaleras y mosaicos de Lenin, Marx y Engels que dan vida a sus paredes.

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Lo mejor de la visita fue la aventura por sus angostas y oscuras raíces. Provistos de algunas linternas y la precaución exacta para no detenernos, nos adentramos en los sótanos del monumento. Siguiendo las pistas que algunos bromistas iban dejando en el camino (pintadas con la frase BLOOD GAMES, flores en una esquina a un falso fallecido bajo un cartel de Memorias de un Psicópata…), logramos acceder a la escalera que nos conduciría 30 pisos arriba hasta la Torre.  Setenta metros de altura y el orgullo de portar la estrella soviética más grande (tres veces mayor que la del mismo Kremlin), la convierten en una verdadera joya arquitectónica. Nos sentíamos dentro de una película con el frío y la humedad calando nuestros huesos en una subida de oscuridad y excitación entre resbalones y amagos de vértigo. Finalmente, coronamos la cima. Y las vistas nos deslumbraron e invitaron a colgarnos de sus abismos para un mayor disfrute. ¡Fue muy emocionante! Eso sí, es un lugar peligroso. Un traspiés puede suponer una caída quizás mortal. Es por este motivo que el edificio se encuentra oficialmente cerrado, aunque los más valientes (o incautos) nos colemos por el agujero de la puerta principal.

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Después de la increíble visita a Buzludhja nos dirigimos al Monumento Memorial de Shipka, uno de los más importantes de Bulgaria.  Situado en la provincia de Stara Zagora y muy cerca del imponente “ovni” comunista. El monumento de Shipka o “El Monumento de la Libertad” representa la victoria de los búlgaros frente al imperio otomano.

Desde su localización las vistas son imponentes. Recomendadísimo para disfrutar de una de las mejores vistas de toda Bulgaria. En su cima os encontraréis con su monumento, una torre de unos 30 metros de altura. Dentro de ella se encuentra un pequeño museo; la entrada a éste son 3 levas o 1,5 si sois estudiantes. Creemos que puede gustaros dar una vuelta por el lugar y disfrutar de sus vistas, como también de sus pequeños detalles como los leones, los cañones y demás curiosidades. El viento en la cara, paz, altura, la nada…Esos sentimientos tuvimos visitando este hermoso lugar. No deja indiferente a nadie, la panorámica desde su cima es encantadora e inspiradora, si tenéis la oportunidad de acercaros durante una mañana nos os defraudará.

Tras esta visita, decidimos encaminarnos de nuevo al Nordeste búlgaro. Concretamente a Kaliakra. Sus acantilados nos hicieron sentir como aves. La belleza de la fortaleza medieval no es tan grande si la comparamos con su paraje. Su estratégica ubicación en el punto más alejado de la costa Este de Bulgaria hacen de esta reserva natural uno de los más bellos paisajes de Bulgaria. Nos encantó pasear por sus caminos de tierra y piedras, asomarnos por sus acantilados y tomar el sol sentados en alguna de sus rocas.

Kaliakra es un lugar muy turístico. Antes de la llegada a su fortaleza hay un control donde nos pidieron 3 levas o 1,5 (en el caso de estudiantes) para acceder. Algunas tiendas de suvenires y comida nos acompañaron durante el trayecto, al igual que algunos vendedores, que tratarán de venderos algunas de sus baratijas. En su interior se pueden encontrar restos de lo que fue la susodicha fortaleza, un museo arqueológico gratuito y un restaurante con los precios algo abultados. Hay números puntos donde uno puede ir para disfrutar de algo más de libertad. El paso a estos lugares está prohibido mediante carteles, pero como suele suceder en Bulgaria, nadie nos dijo nada al acceder a ellos. El lugar es hermoso, pero en nuestra humilde opinión demasiado enfocado al turista. Su ruta marcada deja poco lugar a aventurarse por su terreno. Aun así, si tenéis la oportunidad de acercaros por un par de horas, junto a un día soleado, disfrutaréis de una agradable jornada.

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Nuestra última visita fue una espontánea recomendación de un amigo búlgaro que hicimos en el camino. Tyulenovo, un pueblecito situado en la rocosa costa del Mar Negro. Tranquilo y salvaje fue nuestro paseo por sus acantilados. No es un lugar al que acudir específicamente, a no ser que seas, como nosotros, un amante del mar y la naturaleza. Pero es un sitio de paso al que todo el mundo le puede conquistar. Disfrutamos trepando por las rocas, oteando su horizonte de oro y sal y el chapuzón suave y veloz de unos delfines bebé que se bañaban a lo lejos. Fue sobre uno de estos peñascos que Laura tuvo una revelación, inspirada por la paz del silencio solo cortado por el vals del agua sobre las piedras.

En la vida todo es equilibrio. Hay exactamente la misma cantidad de belleza que de fealdad, de bondad que de miseria. Cuando creemos que el mundo es un lugar horrible, obviamos todas las buenas acciones y el esplendor que irradian sus paisajes y seres que lo habitan. Al contrario, cuando sólo vemos el duende de la vida, todo nos sonríe y nos contagia un sesgo de positividad, negamos el dolor que nos aflige a todos y cada uno de nosotros, sin excepción. Toda acción en una determinada dirección, genera otra de orientación opuesta. El bien compensa al mal y viceversa. No se trata de una justificación de la maldad, desde luego. Abogo y siempre abogaré por la justicia, el amor y la vida. Pero creo que el universo tiene su propia manera de regularse. Existe una balanza que excede lo humano. Nadie tiene demasiada mala suerte, solo la justa para compensar la fortuna en otras áreas de su existencia. La enfermedad para valorar la salud, la soledad para la compañía, la tristeza para la felicidad.

La muerte para equilibrar la vida.

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De vuelta a Varna nos acercamos a Balchik, pero la lluvia nos impidió disfrutar de su palacio y su Jardín Botánico. Nos han recomendado mucho este lugar, así que, si os acercáis por aquí, ¡no olvidéis contarnos vuestras impresiones! 🙂

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