Antes de la aventura

Una atmósfera enrarecida envuelve las últimas semanas en Varna. La euforia inicial en tierras búlgaras parece haberse disipado. Hemos aprendido, sí, muchísimo. Pero llega un punto en el que también es sabio poder decir adiós a tiempo. No nos gusta abandonar, tirar la toalla, adelantar los finales y precipitar las despedidas, pero cuando los proyectos no avanzan y la motivación se estanca, es hora de continuar.

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Vamos a extrañar a la gente que hemos conocido este año, el espacio que la vida nos ha ofrecido para descubrir y crear con todos los gastos pagados. Sobre todo, vamos a extrañar el mar. Ese mar infinito cuyo azul nos persigue en el Sea Garden, nos deslumbra en cada paso y nos invita a encontrarnos con él cada día. A veces nos gustaría que las cosas se hubieran dado de otro modo… Haber tenido un mayor sentimiento de pertenencia, habernos podido desarrollar profesionalmente, sentirnos de verdad realizados. Pero bueno, nunca ayuda pensar en lo que pudo haber sido y no fue. Hemos disfrutado, hemos aprendido, nos hemos conocido y ahora, hemos decidido volar.

El 4 de junio comienza otra aventura diferente. Los Balcanes pasarán a formar, de la noche a la mañana, parte de nuestro pasado. Nos sentimos ávidos de algo más. Añoramos el exotismo que nos movió hasta aquí. Buscamos lo espiritual, lo salvaje, lo lejano, lo diferente. El 4 de junio volamos al Sudeste Asiático. Primera parada, Sofía-Dubai. Un par de días por la capital del consumismo de los EAU y después, por fin, Dubai-Bombay. Estamos perdidos. Salvo vacunas, visados y algún blog de interés, no hemos preparado mucho más. Queremos buscar algún WorkAway, formas de viajar sin mucho dinero, pero con muchas ganas. Imbuirse de la cultura, no ver con los ojos del turista sino sentir con la magia del viajero. Ser, por unos instantes, un autóctono más. Ver a través de sus ojos, renegar de los prejuicios, aspirar sus fragancias, fundirse entre las gentes.

¿Tenemos miedo? Sí, un poco. Aunque es el miedo sano, el que cosquillea en las entrañas y produce más expectación que problemas. ¿Nos sentimos completamente seguros de la decisión? Sí y no. Sí, porque sabíamos que queríamos hacerlo tarde o temprano. No, porque ha sido de la noche a la mañana, este tipo de elecciones que surgen con una chispa y, para cuando la cabeza trata de racionalizar y comprender, ya es demasiado tarde.  Ya tenemos los vuelos comprados, el visado en nuestras manos, el discurso preparado. ¿Billete de vuelta? Sí y no. No lo tenemos comprado, no sabemos cuánto tiempo estaremos exactamente, aunque es probable que entre septiembre-octubre estemos de nuevo en España.

El corazón nos late fuerte. Muchas emociones en poco tiempo. Saborear lo que nos queda de Bulgaria, despedirse de nuestra vida de los últimos 9 meses, preparativos y nuevas bienvenidas. ¡Sí que es incierta la vida! Al final, todo nace de una decisión de última hora, de un instante fugaz en el que se elige nacer de nuevo.

 

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