Memorias de Bombay (Parte I)

Bombay es una ciudad loca, caótica, sucia, ruidosa. Exteriormente. Pero para comprenderla y dejarse embelesar por sus encantos hay que vivirla.  ¿Podéis imaginaros cómo sería? Intentamos hacer un pequeño esbozo a través de nuestro diario. Welcome to India!

Bombay es una ciudad estresante, muy rápida, donde cada minuto para sus habitantes se cotiza como el oro. Gente, mucha gente, 20 millones de personas agrupadas en un mismo punto del Oeste asiático. Personas por todos los lados, en cualquier lugar, sentados, hablando o intentado vender comida o alguna baratija.

3

El primer consejo al venir a Bombay que os diríamos sería ¡dejad fluir! Es necesario ir con calma, no tener prisa, no mirar el reloj y adaptarse a las sorpresas y contratiempos que puedan ir sucediendo durante el día. De lo contrario, uno puede llegar a sentirse realmente agobiado y enfadado en Bombay. ¿Y quién quiere sentirse así cuando está viajando?

Al llegar, el calor, el ruido y la suciedad fueron la nota predominante. Además del cansancio: solo coger un tren ya de por sí es una aventura. Nosotros lo cogíamos los dos juntos, entre empujones y rodeados de hombres indios nos subíamos a los trenes.. Es cierto que Laura se hubiese sentido más cómoda en el vagón de mujeres, pero decidimos no separarnos. Los autóctonos siempre fueron muy amable con nosotros, preguntándonos a dónde íbamos y ayudándonos desinteresadamente. En varias ocasiones algunos indios nos defendieron y se enfadaron con algún conductor de bus o Rickshaw que intentaba inflarnos el precio de los viajes. Lamentablemente, esto es bastante común. Igual que hay gente dispuesta a ayudar hay gente que busca estafar, así como muchos mendigos conectados con la mafia de Bombay. Vimos mucha miseria. Hombres y mujeres con deformaciones o mutilados, niños haciendo sonar dos piedras cual castañuelas, manos de diversas formas implorando una moneda.

PRIMER DÍA EN BOMBAY, EL INICIO DE NUESTRA AVENTURA EN INDIA

Nuestro couchsurfer, Devratt,  vino a recogernos al aeropuerto. Tras descansar unas horas en su humilde casa del Barrio Cristiano – barrio tranquilo repleto de retratos de santos y de pintadas alabando a Jesucristo, cosa que nos chocó encontrarnos en nuestro primer contacto con la India – nos pusimos en marcha sobre la una de la tarde para descubrir lo que Bombay nos deparaba. Necesitábamos dinero así que cogimos nuestro primer rickshaw hasta Revex Mathen Plaza, donde cambiamos dinero. Luego agarramos otro rickshaw y un tren desde Santacruz estación hasta Churchgate. Un par de experiencias y ya nos sentíamos cómodos regateando, pidiendo que nos pusieran el taxímetro y sorteando el tráfico casi asesino para pasar de una acera a otra. Habíamos leído antes de llegar que cuesta unos días adaptarse a la India. Por alguna extraña razón, no fue así para nosotros. Desde el minuto uno nos sentimos como pez en el agua. Había un algo que llevaba un tiempo llamándonos para encontrarnos con esta tierra mágica. Necesitábamos intensidad, miradas sinceras, paz y movimiento. Aquí la encontramos cada día.

1

Nuestro primer día lo dedicamos a patear. Llegamos hasta el puerto donde pudimos disfrutar del skyline” de Bombay. En este punto, varios indios curiosos se acercaron a preguntarnos nuestro país de origen y cómo era la vida allí. Uno de ellos nos preguntó si podía acompañarnos en nuestro paseo. Más tarde nos salió un poco cara su cordialidad, ya que toda su intención era sacarnos unas cuantas rupias al final de la jornada (es aquí cuando empezamos a no confiar ciegamente en todo aquel que nos expusiese su amabilidad). Visitamos el Taj Hotel y la Gateway (Puerta de la India) y paseamos por sus calles ajetreadas. En nuestra opinión caminar por alguna de las calles de Bombay equivale a visitar cuarenta monumentos. No tiene desperdicio. Puedes observar la piedra y empaparte de su historia, pero nunca será más intenso que la realidad de las personas que habitan sus plazas y barrios. En la India el turismo nunca es pasivo; se es exótico en medio del exotismo, se despierta la misma curiosidad en sus habitantes que la que estos producen sobre nosotros.

7

13

¡Bombay rezuma vida! Todo se hace en la calle y en contacto con los demás. Poco hay del individualismo europeo. Nos sorprendieron mucho los puestos callejeros de samosas y demás delicias indias que hay por las aceras, en casi contacto con la suciedad. Al principio éramos muy reticentes, pero poco a poco nos fuimos atreviendo a probar más cosas callejeras. ¡Tan solo 10 rupias (13 céntimos de euro) por aquellos manjares! Muchísimas personas nos aconsejaron que no comiéramos nada de la calle, pero tras  unas semanas de viaje por la India no hemos tenido ningún problema, siempre vigilando y teniendo un mínimo de higiene.

Tras pasar un intenso día en la gran Bombay, decidimos tomar un taxi de casi una 1 hora por unas 300 rupias para volver a casa y evitar todo el lío de coger tren y Rckshaw por la noche. Fue un viaje precioso, la noche de Bombay tras todo el sufrimiento y cansancio del primer día. A esta hora del día se atenuaba la ráfaga de aromas putrefactos y la banda sonora de bocinas. Aun recordamos la sensación que sentíamos visualizando lo que era la India, asimilando y amando la tierra por primera vez.

11

Una vez en casa, Devrat asumía el papel de entretenedor de nuestras veladas. Esta noche nos habló del futuro de los profesores de lenguas extranjeras en la India, de los indios que habían emigrado a EEUU y habían acabado trabajando en puestos importantes en la NASA. Nos habló de la riqueza y de la pobreza, de los famosos que acudían al barrio musulmán más pobre de Bombay a hacerse fotos con la miseria; de los turistas que engañados acudían a visitar los estudios de Bollywood… También nos habló de la expresividad india, de su necesidad de compartir con el prójimo todas las emociones, tanto las de tristeza como las de placer. El que ríe, ríe con ganas y quiere que el vecino se una a él. Lo mismo sucede con el llanto. Cuando le preguntamos por el sistema de castas, prefirió contarnos un pequeño cuento acerca de los guerreros y los buscadores. Éstos eran puros como los brahmanes y la nobleza. Su descendencia cruzada eran los empresarios y los obreros. De la casta de los intocables, de aquellos a los que apenas les era legítimo ni extender su mano en busca de un cacho de pan no dijo ni palabra. No entendimos muy bien su inglés, pero aprendimos que aunque la ley no lo contemplara, la sociedad india seguía rigiéndose por un sistema de castas que quizás nunca llegaríamos a comprender del todo, por más que tratara de sernos explicado por medio de historias y metáforas.

DÍA 2. DE EXCURSIÓN A ISLA ELEPHANTA.

A la mañana siguiente nos despertamos pronto y cogimos un ricksaw hasta Santacruz estación. Nuestro tren, caótico y lleno como siempre se dirigía a Churchgate. Tras los empujones, miradas, palabras y alguna sonrisa nuestro tren llegó a la última estación donde nos bajamos y nos dirigimos a la Gateway of India. Compramos los tickets por 180 rupias cada uno ida y vuelta. Tras 40 minutos de travesía por las sucias aguas de la bahía de Bombay desembarcamos en la isla Elephanta.

28

Nada más poner los pies en tierra nos aguardaban varios puestecillos con fruta, frutos secos y bebidas. Un poco más adelante se encontraba el tren de juguete de la isla, cuya función es acercar a los visitantes a las faldas de la escalera que conduce a las cuevas. Nosotros no cogimos el tren y caminamos los 10 minutos hasta la imponente escalera, cubierta con un toldo y custodiada con numerosos puestos a ambos lados. Vendían joyas y esculturas de dioses, elefantes de mármol y demás alhajas.  La subida fue algo cansada pero bellísima, acompañada de algunas vacas que reposaban y de juguetones monos. ¡Había un montón de ellos! Son muy tiernos, pero también peligrosos si se les molesta. La isla transmitía una energía preciosa y la naturaleza hacia que nos sintiéramos en un sueño. A pesar de estar habitada, la isla continuaba teniendo un toque muy salvaje. Por desgracia, también compartía la suciedad e indiferencia ecológica que la ciudad de Bombay.

32

Después de un gran subida por la escalera llegamos a la entrada de Las Cuevas y aquí la sorpresa, la entrada costaba 500 rupias (6,7 euros) por ser extranjero (en comparación con las 30 que costaba a los indios).  Una niña trató de ayudarnos comprándola por nosotros, pero no se lo permitieron. Al ser un precio fijado recientemente por el Gobierno Indio no parecía posible regatear, pero Laura consiguió negociar con el taquillero. Cuando casi ya nos dábamos por vencidos el guardia nos dejó pasar y nos dijo que le acompañáramos a la oficina. Entramos allí dentro y cuando nadie miraba nos pidió 700 rupias por los dos. Le entregamos 600 rupias y entramos.

23

Las cuevas son impresionantes, la arquitectura y la manera en que las piedras se hallan talladas es espectacular. ¡Qué estatuas tan majestuosas! A Laura le recordaba en algo a los templos de Egipto. Tras recórrer sus cuevas, hacernos montones de fotos que nos pedían los autóctonos (éramos una atracción turística más) y pasar un par de horas bien entretenidas en compañía de indios, perros, monos y vacas, nos dirigimos a la cima de la montaña (10-15 minutos). El sudor y el calor no nos impidieron llegar con algo de cansancio a su cima, pero definitivamente valió la pena. El frescor del aire y el gran momento de paz que obtuvimos no se paga con rupias. Tras todo el caos y el estrés que supone Bombay, descansar en esa cima en soledad y con el frescor de la brisa acariiciando el rostro es magnifico. Las vistas eran buenas pero la cantidad de árboles impedían otear bien. La visita al Lago de Elephanta no nos convenció mucho, pues tras la estación seca, se encontraba totalmente árido.

24

18

Bajamos de la cima hambrientos y comimos en el restaurante que está al lado de las cuevas. Laura se pido un Aloo Mutter (patatas con guisantes) y Sergio un Thali (arroz con salsas, picantes, verduras y chapati), en total fueron 280 rupias. Sobre las 5 de la tarde volvimos a tomar el ferry. Antes de nuestra vuelta a casa nos detuvimos en la Victoria Station, edificio que representa, por excelencia, la colonización británica. Enorme y hermosa, a nosotros nos gustó, pero después de la salvaje Isla Elephanta, no nos llamó tanto la atención. Hemos viajado bastante por Europa como para que nos impresionen más los monumentos que la fiereza de los paisajes.

Ese día la charla con Devratt (¡Dios mío, lo que le encantaba hablar a este hombre!!) versó sobre la vida en pareja. Solo es posible divorciarse tras varios años de matrimonio (al parecer, hay que dar una oportunidad al cónyuge antes de rendirse a la primera de cambio) y no es posible vivir más de seis meses con una persona del sexo opuesto sin casarse. Además, para la sociedad india, el marido tiene la responsabilidad de la relación, los derechos y los deberes fundamentales de la misma (excepto los del mantenimiento de la casa). El hombre debe ser respetado por toda la familia y debe comer antes que ningún miembro de la misma (muy igualitaria esta sociedad india…)  Devrat también criticaba, desde un punto de vista espiritual, a las parejas que no quieren tener hijos. ¿Cuál es el propósito del vínculo sin la descendencia? Es necesario completar el ciclo, decía, cumplir con nuestro destino, no traicionar a la naturaleza al mezclarse la energía femenina y la masculina sin dar fruto alguno. Nosotros teníamos nuestras dudas.

Nos interesaron más sus concepciones sobre la salud. Mente y cuerpo son todo uno, y el ruido de los pensamientos a veces puede dar lugar a la enfermedad, a psico-somatizar ciertos dolores enquistados. ¿Su solución? Buena dieta, agua templada contenida en un recipiente de metal, meditación y paz interior.

 

Anuncios

3 comentarios en “Memorias de Bombay (Parte I)

  1. Rosa dijo:

    Gracias a vuestro blog puedo viajar aunque no tenga dinero o me duelan los pies. Es maravilloso como explicais cada cosa y cada situacion. Las fotos tan hermosa o las realistas que muestran tambien lo feo. Me transportais a esos bellos lugares con solo leeros. Me encanta. Mi felicitacion. Seguir asi lo haceis estupendamente bien.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s