Hampi y su luz onírica

Hampi es uno de nuestros lugares favoritos de la India. Al pisar su tierra fértil nos besó su luz de plata y sueños, nos bañó su aroma a masala y a vida. En Hampi la gente es tranquila, el pueblo es dulce y pequeño y las almas pasean libres, entre papayas y mangos con los que, a su vez, se permiten vivir.

12

Nuestro tren llegó de Margao (Goa) a la estación de Hospet. Compartimos vagón con una familia acomodada, no muy habladora. La hija menor no cesaba de comer bolsas de patatas y galletas y arrojarlas por la ventana. Los padres hacían lo mismo. Nos impactó la indiferencia con la que tiraban la basura, contribuyendo a hacer de la India un gran vertedero humano. ¡Parece tan irónico que un pueblo tan sabio ensucie tanto el entorno en el que crece! Pero la India es así, un país de contradicciones. Se respeta más a los animales que a las mujeres; se sigue un estilo de vida natural, pero se contamina la misma tierra de la que se vive. No hay conciencia ecológica. Nos entretuvimos comprando alguna cosita que iban vendiendo los mozos mientras repetían palabras incomprensibles y graciosas (para nosotros) una y otra vez: Chai chai chai chaaaaaaaai…. Biryani, biryani, one thirty.. biiiryaniiii…. También en el trayecto pasaron travestis pidiendo dinero mientras tocaban descaradamente a los hombres, y mendigos y tullidos suplicando con alaridos de dolor. Un espectáculo un tanto macabro. Hay que tomar un poco de distancia para que no afecte.

Una vez en Hospet tuvimos que coger un bus (17 rupias) al pueblecito de Hampi. Es indescriptible la llegada. La majestuosidad de los templos bailando con las palmeras y los locales deshechos en sonrisas e invitaciones. Finalmente decidimos alojarnos en la guesthouse Kiran y comer Thali y delicioso Paneer Butter Masala en el restaurante Mango Tree con unos colegas – un uruguayo, un francés y dos holandesas – que conocimos en el camino.

Estuvimos casi tres días recorriendo el pueblo a pie. Rechazamos el rickshaw y las bicicletas. Nos hubiera encantado hacer un recorrido en moto, pero nos dijeron que recientemente había habido un accidente y el Gobierno Indio había prohibido el alquiler de motocicletas en ese lado del río. Teníamos planeado cruzar para ver el Monkey Temple y el lago, pero la luz onírica de Hampi nos atrapó y nos animó a hacer una visita sin prisas, con lentitud y saboreando cada paso.

4

Visitamos los principales templos de la zona: Lakhsmi Narasmiha, Uddana Virabhadra, Achyutaraya, Mathanga Hills, la descomunal estatua de la diosa Ganesha y el templo de Vitthala, uno de los más grandes, a 2km de Hampi. Es Patrimonio de la Humanidad y uno de los máximos exponentes del esplendor del Imperio Vijaynagar. El problema es que tiene un precio desorbitado para los turistas de ¡500 rupias!

En el templo de Lakhsmi Narasmiha, un hombre delgado y desnudo se entretiene salpicando con un caldero a los visitantes. Dicen que el agua de ese estanque es muy pura y que el anciano es capaz de curar enfermedades mojando a las personas. Nos sonrió bonachonamente y le devolvimos la sonrisa mientras nos salpicaba con el agua bendita.

Aunque el que más nos conquistó fue el principal, el templo de Virupaksha, situado en la zona de Hampi Bazaar, y dedicado a la forma del dios Shiva. Su belleza es sublime, especialmente en el atardecer. En la visita nos entusiasmaron las rocas esculpidas, los pilares decorados con los rostros de las deidades, los traviesos monos jugueteando a diestro y siniestro. Un hombre nos enseña en un rincón oscuro la imagen de la diosa invertida por la luz.  En el altar unas mujeres realizan un ritual en honor a Shiva. Parece que se peinen con el agua, pero apenas rozan sus cabellos azabaches. Nos quedamos embelesado por la magnificencia de un elefante que reposaba en un rincón del templo. Sin embargo, no tardaron nuestros corazones en arder, comprendiendo que detrás de esa atracción se ocultaba una vida de esclavitud animal.

5

La gente es aún más amable que en otros lugares que hayamos estado. Están acostumbrados a tratar con extranjeros. Hampi recibe un montón de turistas cada año, especialmente españoles y franceses. Nos entretenemos en los puestos callejeros. Una compra de bananas, una de sweet lassi, unas bonitas pulseras con el OM (“yo soy”, símbolo de la buena suerte). Mientras miramos un escaparate, un hombre nos invita a entrar en el interior de la tienda. Su familia está sentada en el suelo, comiendo arroz. Todos se levantan para que podamos ver la ropa que venden. Nos sentimos algo avergonzados. Una mujer en nuestro hostal trata de comunicarse con nosotros por señas, nos enseña sus joyas una y otra vez. ¿Cómo es posible que Laura no tenga anillos en los dedos de los pies?, parece muy sorprendida. Unos hombres calvos, que sostienen en brazos un bebé calvo también, salen a nuestro encuentro. Algunos indios deciden raparse el pelo cuando están de luto por la muerte de un ser querido. Aquí no se visten de negro. Vayamos donde vayamos, miradas puras, de un negro acuoso y sincero. Nos hablan del karma (la ley de causa efecto; las buenas acciones conducen a buenas situaciones) y de la reencarnación. Dicen que si se va a morir al Ganges se puede acabar con la rueda de la vida, pero casi nadie puede permitírselo desde tan lejos.

19

Una de nuestras experiencias más intensas en Hampi ha sido el masaje ayurvédico de Raja. Es un gran profesional y sus manos son prodigiosas. Salimos flotando de su consulta, envueltos en aceite y placer.

Además de la magia de Hampi, recordamos momentos muy graciosos. Peticiones de autógrafos; persecuciones con dos palillos para quitar a Sergio cera de las orejas; cuando le regalamos a un hombre curioso 20 stotinkis búlgaros y quiso pagarnos con 20 rupias; indios alabándonos sin querer soltarnos las manos (y nosotros insistiendo en que no éramos famosos) y conversaciones muy particulares:

-¡Ey,ey! I am going to Djerlan, I am going to Djerlan.

-Ah, not me.

-Ok. I am going to Djerlan.

Y así, en nuestro inglés medio y con el complejo acento indio, vamos comunicándonos como buenamente podemos. Así pasan los días, más rápidos de lo que quisiéramos y más hermosos de lo que nunca hubiéramos imaginado. Queríamos bajar al sur hasta Kerala, pero queda lejos y nos lo han desaconsejado por las lluvias. Nos hemos vuelto locos, nos vamos hacia el Norte. 40 horas de tren (¡casi nada!) y estaremos en Jaipur, en  Rajastán. 

15

Anuncios

Un comentario en “Hampi y su luz onírica

  1. Rosa dijo:

    De nuevo me has hecho volar. He vivido por un momento ese viaje tan hermoso que relatas con tanta emocion. He caminado tras tus pasos y he disfrutado del paisaje, de los templos y de las gentes de la India, a traves de la mirada limpia de tus hermosos ojos axules. Gracias hija por hacer realidad mi sueño. Te quiero

    Le gusta a 1 persona

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s