Taj Mahal, ¿amor o locura?

Tras nuestra visita a la Ciudad Sagrada de Pushkar, nos debatimos entre ir a Jaisalmer y disfrutar del desierto o ir a Agra, a ver el Taj Mahal. Un mes de visado no da para mucho cuando se tienen tantos lugares en mente. No nos gusta hablar de decisiones correctas o erróneas, pues la belleza de una de las 7 maravillas del mundo moderno es un placer para los sentidos, pero sentimos que nos dejamos llevar por el capricho turista en lugar de seguir nuestro instinto viajero. Fuera como fuese, cogimos un bus nocturno y acabamos en Agra.

El bus nos dejó en medio de la ciudad, en un pequeño aparcamiento que parecía de todo menos una estación. A las 6 de la mañana, sin apenas dormir, fue muy impactante encontrarse en medio de la multitud de rickshaws que nos asaltaron. Toda la desolación en forma de manitas infantiles y bocas desdentadas, suciedad por doquier y gente pidiendo, sin descanso. En un santiamén pasamos de la tranquilidad que nos ofrecía Pushkar a, una vez más, una ciudad grande atestada de ruido y movimiento. Las sonrisas y bonitas palabras se transformaron en miradas serias y familias pidiéndonos directamente “money”. Esas familias vivían en el suelo, dentro de sus cabañas construidas con cuatro barrotes de maderas y una lona. Es difícil situarse fuera en estas situaciones. Surge una disonancia entre la necesidad moral de socorrer a todas esas almas necesitadas y la comprensión de que la caridad asimétrica no es la respuesta a la pobreza en el mundo. Nuestro presupuesto, además, nos da vivir con muy poquito al día. Hay veces que ofrecemos cosas a quienes nos piden, pero casi siempre es comida. Incluso en estos casos, nos sentimos extraños. Basta dar una banana a un niño para que venga la familia entera. ¡Y cómo duele negar a quien de veras se desea ayudar!

La sensación que nos produjo la ciudad de Agra no fue muy buena; mucha pobreza y suciedad. Las pocas zonas verdes que vimos estaban repletas de bolsas de plástico y desechos. Igual que en toda la India, sí, pero aquí los olores eran más intensos. Olor a mierda y a leche agria. Lo peor de la des-conciencia ecológica, es que en algún punto se acaba contagiando. Cuando se descubre que no hay papeleras ni contenedores, cuando se pregunta en un comercio, ¿tienes un cubo de basura para tirar las cáscaras del plátano? Y la respuesta del señor es coger la peladura y arrojarla al suelo, es difícil mantener un cuidado. A veces imposible. Caminas con la basura en la mochila, hasta que te hartas y la tiras tú también. Los remordimientos no son pocos.

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Como decía, obviamos todo el ruido y caminamos un rato con una multitud a nuestras espaldas, hasta que negociamos con un rickshaw para que nos llevara por 80 rupias al Taj Mahal. Seguidamente buscamos una guest house cercana al monumento y encontramos una muy bien situada por 400 rupias la noche. Lucky Guest House, que además es también restaurante. La recomendamos 100%. El personal es amable, atento y muy servicial.

Al pasear por el Bazar sentimos que era como viajar al pasado; tiendas de todo tipo y precios más bajos que la media. Nos contaron que la ciudad, que antaño había gozado de una gran industria, tuvo que renunciar a sus actividades para conservar en buen estado el mármol del Taj Mahal. Los habitantes de Agra veneran el mausoleo. Allí casi todo el mundo vive de los miles de turistas que se acercan cada año a hacer la visita de rigor.

1000 rupias cada uno para conseguir la entrada, que incluía unas telas para cubrir los zapatos y también dos botellines pequeños de agua. Un precio muy elevado para nuestro presupuesto. Empujones, mucha gente, mucho calor.  Algunas fotos nuestras y también con algunos de los visitantes y, de pronto, el imperioso edificio de mármol allí estaba: inmutable, imperturbable a la gente y el ruido. De un blanco inmaculado, parecía brillar sobre nuestras pupilas impregnándolas de pureza.

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El complejo está limpio y cuidado, algo que contrasta con el resto de la ciudad (la más sucia en la que hemos estado). El Gobierno Indio sabe que el Taj Mahal proporciona mucho dinero y trata de tener la zona sin contaminación. Paseamos por sus jardines, por su mezquita y también visitamos la capilla (en la que yace la mujer del emperador).

El monumento, construido en el siglo XVII a orillas del río Yamuna, se erigió por mandato del emperador musulmán Shah Jahanen, en honor a su esposa favorita, Mumtaz Mahal, fallecida en el parto de su decimocuarta hija. Muchos se estremecen ante semejante muestra de “amor”, pero a nosotros nos hizo reflexionar acerca de los gestos  que se estiman pruebas irrefutables de amor tan solo por la fiereza de su carácter. El esfuerzo de unos 20 000 obreros, el derroche de una cantidad colosal de dinero y la tortura de los principales arquitectos – cuentan que quemaron sus ojos y cortaron sus manos al finalizar la construcción – parece más la obra de un lunático que de un enamorado. ¿O acaso no hay tanta diferencia entre ambos? Lo ignoramos, pero pensamos que el amor se demuestra en vida, más que en la muerte.  Nosotros creemos que el amor se encuentra en las pequeñas cosas, en el día a día, en esos detalles que nunca impresionarán al mundo entero y lo movilizarán hasta deslumbrarse bajo su nívea perfección, pero que irán erigiendo poco a poco un vínculo sólido. No nos conmovió su historia – la esclavitud nunca puede identificarse con el apego – y su lindura nos convenció solo por unos instantes. Al fin y al cabo, el monumento no permite mucha interacción y la masificación turista impide su disfrute. Quizás no elegimos la mejor hora para realizar la visita, quién sabe.

En conclusión, el Taj Mahal es bello, bellísimo, con una gran historia tras de sí. Pero, en nuestra humilde opinión, hay lugares de la India mucho más desconocidos pero mucho más interesantes. Caímos en la trampa del turista que nada se ha de perder.

CONSEJOS PRÁCTICOS:

-Si estáis en Agra y tenéis tiempo de sobra, otra visita interesante es el Agra Fort (el Fuerte Rojo). Se puede ir en rickshaw o a pie desde el Taj Mahal (alrededor de 40 min).

-Para comer y dormir recomendamos el Lucky Restaurant Guesthouse. A 5 min a pie del Taj Mahal.

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