Rishikesh, donde oriente y occidente se dan la mano

Normalmente huimos de los sitios atestados de turistas, pero lo cierto es que en la India suele coincidir que éstos son los mejor adaptados y los más cómodos para viajar, por no mencionar su belleza descomunal. Tanta gente en el camino nos recomendó Rishikesh, que no pudimos eludirlo en nuestro itinerario del norte. Nos vimos atraídos irresistiblemente por la también sagrada ciudad cercana a Haridwar, hechizados por las historias que nos contaban sobre ella y por los miles de peregrinos que se acercan cada año a beber de su magia.

Templo de Tirupati Balaji, templo de Madhuban, templo de Kunjapuri Devi. La ceremonia de Aarti, como en Haridwar. Un trekking hacia las cascadas, llenas de indios eufóricos que gritan de alegría al mínimo contacto con el agua. Mujeres que se bañan con ropa, pese a la incomodidad que ello acarrea. Occidentales que nos habituamos para huir de las miradas lujuriosas. Dos puentes esplendorosos que separan dos partes de la ciudad, Lakshman Jula y Ram Jula. Vacas, monos y cabras. Perros sucios que acariciamos con un poquito de cuidado. Un hospital cuya consulta es ante diez pares de ojos desorbitados. Búsqueda de Matrimonios anunciados en el Periódico. “Lincenciado en EEUU busca mujer…”

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Ashrams por doquier – monasterio de meditación y enseñanza hinduista, en la que los alumnos conviven bajo el mismo techo que sus maestros -, peregrinos shadus vestidos de naranja que han renunciado a toda posesión material y vagan de ciudad en ciudad viviendo de la caridad. Cientos de cursos de yoga (como es temporada baja, tuve la suerte de tener una particular) y meditación. Europeos y americanos, asiáticos y autóctonos. Algunos nuevos hinduistas, entre ellos una chica alemana que nos dijo que se sentía mucho más segura aquí, como mujer, que en Alemania. “En India siempre hay gente en la calle, nunca estás solo, nunca sientes miedo”.

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Sabores deliciosos, de todas partes. Rafting en el Ganges, combinado con baños fríos y salpicaduras. Estatuas prodigiosas. El universo en la boca de shiva. Distintas asociaciones de protección de la mujer, la infancia, los animales y el medio ambiente. Paz, zonas rurales, montaña. ¡Si, al fin tranquilidad, soledad, naturaleza!

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Un hombre que nos habla de que todos los dioses son iguales, de que en la vida no hay nada bueno ni malo, todo depende de nuestra percepción. Metáfora del caballo para la vida, que logra tirar del carro con denuedo porque no le permiten mirar a los lados y distraerse. Invitaciones de tabaco de mascar y de sus cigarrillos “biri”.

Meditación a las 6 de la mañana (¡y eso que detesto marugar!), como una de las experiencias más bonitas. El sueño regala una mente un poquito menos dispersa de lo habitual. La vela en el altar hinduista, los cánticos del profesor, 5 tipos de meditación (om shanti, silenciosa, drop drop, ver detrás de la oscuridad, soooo haaaa (esto soy yo, esto es dios). Magia hecha silencio, hecha palabra, hecha respiración. Energía preciosa, dulzura y paz.

Rishikesh ha sido una de nuestras ciudades preferida de la India Quizás demasiado occidentalizada – bastante turista  y comida continental tan rica que uno decide, con razón, apartar por unos días el picante, pero auténtica al mismo tiempo. Rishikesh se acerca a ese ideal espiritual que a muchos nos viene a la cabeza al pensar en la India. Yoga, meditación, Ganges, templos hinduistas y mucha espiritualidad. Un acercamiento a la India profunda sin la intensidad de otros destinos como Haridwar. Su belleza atrapa, su esencia también.

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CONSEJOS PRÁCTICOS:

Dónde comer:

  • The Juice House. ¡Probad el sabroso zumo de Himalaya con mango, banana, tahini y espírulina!
  • Babylon Bakery
  • Tip Top Restaurant.¡Excelentes las hamburguesas veganas y la comida israelí!
  • Little Buddha (especialista en noodles y comida mexicana)
  • Ganga Beach. ¡Nuestro favorito, con unas vistas del río y del puente inolvidables! Las pizzas están buenísimas, la decoración es muy creativa y el dueño majísimo.

Dónde dormir:

  • Ved Niketam Ashram. Qué mejor que tener la oportunidad de dormir en un verdadero ashram hinduista. El lugar es único, cargado de una energía muy especial. Las habitaciones son espaciosas, baratas y con un bonito balcón. Eso sí, no disponen de wifi.

Cómo llegar:

Desde Risikesh, tomando un bus (quien dice un bus dice un 4×4 compartido, no se sabe cómo, con otras 10 personas más, sin aire acondicionado) desde Haridwar. El viaje prometido de una hora puede acabar convirtiéndose en dos, pero sin dudas es la manera más directa y sencilla de llegar.

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