Dharamsala, alma del Tibet en India

Tras un largo viaje con accidente de tráfico y espera de dos horas en medio de la nada – contemplando las estrellas con las espaldas apoyadas en la ardiente carretera – llegamos a Dharamsala. Durante el trayecto notamos cómo la temperatura descendía (lo que agradecimos muchísimo tras el calor bochornoso) y las nubes casi nos acariciaban. Subimos unos 2000 metros de altura hasta encontrarnos en las faldas del Himalaya oeste. Un taxi con las nuevas amigas chilenas que hemos conocido en el autobús y nos hallamos en la parte alta de Dharamsala, en la tranquila ciudad de McLeo Ganj, residencia actual del Dalai Lama y el nuevo hogar para muchos tibetanos condenados al exilio por culpa de la tiranía de China.

Anexos a McLeo Ganj se hallan dos pueblecitos hippies, adaptados a los turistas y llenos de extranjeros. Uno se siente de nuevo en Occidente, viendo rasgos familiares a cada paso y letanías en inglés y castellano. Uno de ellos es Banghi, anclado en el valle y custodiado por una cascada impresionante (en cuya cima se sitúa el Shiva Café, un lugar chill out de deliciosas vistas). El otro, donde nosotros nos alojamos, descansa 20 minutos a pie de McLeo Ganj. Una tortuosa cuesta salteada de montañas bravas y precipicios antecede un barrio alegre y colorido, surtido de casitas y tiendas, Daramkot. Decenas de carteles ofreciendo cursos de yoga, meditación, reiki, cocina tibetana, hipnosis, rituales de ayahuasca… empapelan los muros del pequeño pueblo. En Daramkot no hay tráfico, no hay basura, no hay miradas inquisitivas. Un remanso de paz en lo alto de la India. Un paraíso de lluvia dulce y ácida montaña. Nos parece increíble. No queremos irnos de aquí ahora que hemos descubierto que la calma en este país es también posible.

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Meditación cada día a las 9:30 AM en el templo de Tushita. Un maestro realiza una meditación guiada gratuita (con donación). Un trekking improvisado. Una jam session de ritmos latinos en el corazón del bosque. Alegría compartida con otros viajeros del camino. Disfrutamos de la tranquilidad que ofrece el pueblo de Daramkot, descolgándonos por cualquier rincón, en silencio, sin atisbo de rickshaws o vendedores indios. Una delicia. Al mismo tiempo, no nos sentimos verdaderamente en la India. Arriba, es como que los occidentales hubiéramos conquistado su tierra. Abajo, los tibetanos tratan de ganarse honradamente la vida, rociando  de sonrisas templadas y andares lentos a los lugareños que les acogen.

McLeo Ganj es un sitio único. Apenas se ven rostros indios. Tibetanos rapados y con túnicas granate pasean y venden, viven y mueren, haciendo de esta tierra su pequeña Lasha, capital del Tíbet. En el templo del Dalai Lama se desprende una energía hermosa. Apenas se puede respirar. No tenemos la suerte de ver al Dalai Lama, pero sentimos el ardor de su legado. El museo del Tíbet nos ilustra a la perfección la invasión china al Estado Independiente del Tíbet en 1940; la represión de su lengua y costumbres, la esclavitud de sus gentes. El Dalai Lama trata de salvar su vida y va al exilio. Los tibetanos huyen en 1949 y encuentran el exilio en la India, en torno a su líder espiritual.

En ocasiones se siente un cierto vapor de hipocresía flotando por el ambiente. Paradojas surcando el “falso” Tíbet. Turistas que recorren con mochila las calles cicatrizadas y hacen del sufrimiento fotografía y aprendizaje. Por otra parte, la misma curiosidad es la que alimenta las bocas del exilio. Cuesta tomar partido ante una encrucijada así. En las paredes bailan pintadas de FREE TIBET, en las miradas hay poses de “espiritualidad” vanguardista y a la vez historias de verdad y de fe.

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CONSEJOS PRÁCTICOS:

Dónde comer:

MCLEO GANJ:

Shangrila (comida tibetana deliciosa y vegetariana ¡baratísima!).

Tibetan Kitchen

DARAMKOT:

– Wa blue

Same, Same but Different. En este último de vez en cuando realizan Jam session con un montón de gente internacional.

Dónde dormir:

DARAMKOT:

  • Kamal Hostel (350 rupias)

Guest House hay muchas, pero si se tiene mala suerte uno puede encontrar una muy sucia y llena de bichos y por un precio similar al del hostal.

La primera noche nosotros dormimos en una guest house al lado del Kamal hostel, por 200 rupias, la habitación parecía una establo y la cama era muy incómoda, pero si sois valientes podéis probar suerte.

Dharamsala fue uno de nuestros lugares favoritos en la India. Sus gentes, su comida, sus calles nos enamoraron. Belleza, bondad, cultura, son solo algunas palabras que nos vienen a la mente sobre este lugar. Fue una despedida de la India, tras un mes caótico, pero nuestra última parada, nos robó el alma.

Solo tocaba ya coger un bus dirección Delhi para luego coger otro bus hasta la frontera de Nepal, pero esto lo explicáramos en la próxima entrada.

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Un comentario en “Dharamsala, alma del Tibet en India

  1. Rosa dijo:

    Que bien escribes mi niña. Leo y dejo volar mi imaginacion. Estoy viajando a tu lado. Disfruro del paisaje y siento tus sensaciones. Que hermoso es todo atraves de tus ojos y del filtro de tu alma.

    Me gusta

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