Kuala Lumpur, viaje al futuro

Entrada la noche aterriza nuestro vuelo desde Nepal. Como en anteriores ocasiones nuesto anfitrión nos viene a buscar a la estación central “KL” y nos conduce al que será nuestro nuevo hogar por varios días: una casa enorme situada frente a las Torres Petronas. Una vez más, un couchsurfer nos sorprende con un lujo al que no estamos acostumbrados.

El cambio de India y Nepal a Malasia se antoja enorme. El corazón se nos encoge un poquito en nuestra despedida del orden salvaje o del desorden armónico que impera en el Subcontinente indio. Allí todo parece más auténtico, más espontáneo, natural.  Cada paseo es una aventura trepidante en la que se regresa al lado más primario de nuestra alma humana. Pero Malasia es Malasia. Muy buenas infraestructuras, mucha limpieza y una comodidad a la que acabamos cogiendo el gustillo, a pesar de repudiarla en un primer momento. Al sudor le sustituye el resfriado del aire acondicionado y al raído colchón de los trenes indios una cama con almohada y manta en el autobús. Estamos boquiabiertos.

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Kuala Lumpur se nos antoja otra ciudad más engullida por el capitalismo. Grandes rascacielos (entre los cuales Las Torres Petronas son símbolo y orgullo del país), grandes mercados (como el National Market) y alta tecnología brillando por doquier. Pero nada tiene que ver con Dubai, eso sí. En KL aún es posible encontrar rincones con auténtica esencia malaya: pequeños mercados de fruta y verdura bajo las estaciones de metro, personas amables que ofrecen algas con pescado para probar, mezquitas de una belleza sublime (aunque la National Mosque es tan sofisticada que cuesta identificar con un lugar de culto religioso), la plaza Merdeka, emblema nacional que conmemora la independencia de Malasia de los británicos en 1957 y barrios como Little India y Chinatown.  En Malasia el 60% de la población es musulmana y convive con otras minorías religiosas como cristianos, hinduistas, budistas y confucionistas. Fueron muchos los inmigrantes indios y chinos que se instalaron en el país varios siglos atrás, unos convirtiéndose en mano de obra barata en el campo y otros huyendo de los problemas políticos de su China natal.  En apariencia cohabitan de manera armónica, pero la realidad es que los habitantes de procedencia no malaya no disfrutan de los mismos privilegios y condiciones de vida que éstos. Son muchas las revueltas que se han saldado con heridos e incluso muertos (sobre todo de etnia china) en un intento de lucha por la concesión de los mismos derechos que los malayos. Tras esta certeza, el paraíso de la multiculturalidad cae por su propio peso.

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Nuestro lugar favorito son las Cuevas Batu, situadas a 13 kilómetros de KL y de fácil acceso en tren. La gruta, de piedra caliza, está custodiada por la imponente estatua dorada del dios Murugan y por unos cuantos monos que se encuentran haciendo de las suyas por la escalinata de piedra (de nada más y nada menos que 272 escalones). La entrada es gratis, así que solo hay que preocuparse de no ser robado por los monos y de cubrirse los hombros y las piernas. El interior de la cueva es mágico. Salpicado por unos cuantos templos hinduistas y, en monzón, por un flujo de vida que desciende desde su cielo calizo.

Lo mejor sin duda de Kuala Lumpur fueron las sonrisas. ¡Esta gente sí sabe sonreír! Amables y hospitalarios por naturaleza, los malayos tratarán de ayudarte y de hacer tu estancia lo más agradable posible. Otro aspecto que muchos viajeros aprecian es la gastronomía. En nuestro caso no fue lo que más nos cautivó (la forma de preparar las verduras y el fuerte sabor a pescado de cada comida nos echó un poco para atrás), pero debemos reconocer que es muy variada y especial. Nos encantan los noodles y la comida vegetariana hecha con proteína de soja. Y, desde luego, saborear un delicioso roti con queso sentado en uno de los “buffets” callejeros, es una de las mejores experiencias a vivir en la capital. ¡Bienvenidos a la ciudad futurista cuyas piedras saben a lucha y a historia!

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Un comentario en “Kuala Lumpur, viaje al futuro

  1. Toni dijo:

    Es curioso pero que poco se conoce Malasia. India, China o Japon son muy conocidas turisticamente pero Malasia apenas existia para mi hasta que he leido tu opinion y lo hermoso que te han parecido sus paisajes y su gente. Otro sitio que espero poder visitar. Gracias a ti me muer de ganas.

    Le gusta a 1 persona

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