Penang, arte y vida

Volvimos en barco desde las islas Perhentian, el cual nos dejaba en Kuala Besut. En ese instante se nos presentaron dos opciones: coger un autobús por la noche o realizar autostop hasta que pudiéramos continuar. Optamos por la segunda, y fue una experiencia fabulosa. La gente de Malasia no acogió con los brazos abiertos. Tras 7 coches y una noche en un hostal en la ciudad de Gerik, llegamos a Butterworth, desde donde cogimos el ferry gratuito para llegar a la isla.

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Llegamos a la ciudad más grande de la isla de Penang: Georgetown y decidimos hospedarnos en la famosa calle Love Lane, donde se encuentran la mayoría de hostales y locales de ocio. Aquí empezó nuestro idilio con esta maravillosa ciudad, que llega a sorprender a cada paso. Diferentes culturas conviven con, aparentemente, mayor armonía que en otros lugares de Malasia. Malayos, chinos e indios se dan cita por unas calles que rebosan vida, regadas de arte y de espiritualidad, de pinturas y templos que fascinan el corazón y extrañan a una vista más acostumbrada otro orden de las cosas. Penang no parece Malasia y a la vez es más Malasia que ningún otro sitio. Nos acercamos a la cultura malaya,  y también a la de aquellos que emigraron en busca de un lugar mejor, o simplemente de otro lugar. Sus aceras, llenas de magia, sus paredes decoradas con numerosos Street Art y cada rincón de su entramado nos cautivaron.

Tan pronto como llegamos conseguimos un mapa gratis y recorrimos la ciudad siguiendo los números que más nos interesaban. Los lugares más emblemáticos vienen señalizados por números y, en la leyenda, se incluye una pequeña explicación de los mismos.  Movernos por la ciudad  fue sencillo; hay mucha oferta de autobuses que por 2 ringits te llevan a cualquier lugar deseado, a excepción del National Park, cuyo precio es de 4 ringits (aunque la entrada al parque es gratuita). Además hay un servicio de bus gratuito que también permite acceder a muchos rincones de la ciudad. Baños gratuitos, entradas gratis a templos, puestos callejeros muy baratos… ¡Ideal para mochileros!

Al solo disponer de dos días en Penang, decidimos dedicar uno a pasear por Georgetown tranquilamente: estuvimos en el Ayuntamiento, la Explanada (espacio en el que realizan conciertos y practican deporte los locales cuando cae el sol), la Torre del Reloj, la Catedral de la Asunción, Little India, la mezquita flotante, el templo Mahamariamman (hinduista), el templo Teochew (chino) y el templo Godes of Mercy. Esta última visita es la que más disfrutamos, ya que mantuvimos una conversación muy interesante con una mujer que merodeaba por allí. Nos explicó que ella, al igual que mucha gente china que vive en Malasia, practica el budismo, el taoísmo y el confucionismo al mismo tiempo.

-A nosotros no nos interesa el cielo. Cuando muramos no es allí a dónde queremos ir…

-¿A dónde queréis llegar?

-Al reino de Buda, allí estaremos exentos de todo sufrimiento.

La mujer también nos habla de la desigualdad existente entre los chinos y los malayos. Los chinos, menos favorecidos por el gobierno, pagan muchos más impuestos a cambio de tener libertad de culto. Otra cosa que nos sorprendió es cuando asegurço que pasó mucho miedo en su viaje por Alemania y Austria. ¡Qué insegura es Europa para vivir, con tantos atentados!, decía. Nos pareció paradójico, pues es en Europa donde nos hablan de la peligrosidad del continente asiático. ¿Será que no todo es como nos dicen y no hay otra manera que viajando que cada uno puede ir construyendo su verdad?

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-Yo soy budista, pero reconozco que hay mucha hipocresía entre las gentes que practican el budismo… Muchos comen carne, beben alcohol y ni siquiera meditan. No hay tantas diferencias entre vuestra religión y la nuestra. Hay muchas incongruencias en ambas.

Al día siguiente decidimos hacer una caminata por el National Park (intensa caminata en la que se puede llegar a lugares muy bonitos como el santuario de las tortugas y la Monkey Beach) y acercarnos al famoso templo de Kek Lok Si, el templo budista más grande del Sudeste Asiático. Esa noche acabamos en un lugar muy especial. Por primera vez en mucho tiempo encontramos cerveza barata en un pequeño bar de la esquina de la calle lrd. Stewart, donde occidentales y orientales se mezclaban confiriendo a la plaza una atmósfera risueña. Amigos polacos, malayos e indios nos acompañaros en nuestra velada.

Penang fue la guinda del pastel, el último toque para quedar hechizados de Malasia, tierra hermosa con gente amable y bondadosa. Esa fue nuestra sensación, la sensación de querer volver por mucho más tiempo y visitarla como se merece. Hubiésemos deseado ir a Taman Negara y a Cameron Highlands, a Pulau Kapas y a muchos lugares más. Pero Tailandia nos esperaba con un reencuentro muy especial así que decir adiós, de nuevo, era indeseado pero necesario.

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CONSEJOS PRÁCTICOS:

DÓNDE DORMIR:

-Hostal Pin Seng (33 ringits la habitación doble), en un callejón a la izquierda en la entrada de Love Lane.

DÓNDE COMER:

La comida no nos acompañó mucho en Malasia, pues no somos muy amigos de tan extrañas texturas,  pero si queréis comer bien y con un ambiente de 10 os recomendamos el Red Garden, uno de los mejores sitios de nuestro viaje. Un recinto circular con numerosos puestos de comida, en cuyo centro se encuentran mesas numeradas donde sentarse plácidamente a cenar y un escenario en el que diversos cantantes de pop amenizan las noches. Muy divertido.

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