Un sueño en las Islas Perhentian

Todo está en permanente cambio. Esta frase cobra aún más sentido cuando se está viajando. La sensación de entusiasmo y nervios que produce adentrarse en una ciudad por vez primera es rápidamente sustituida por la nostalgia de despedirse de lo recientemente visitado.  Las cosas se suceden a un ritmo vertiginoso. Las sensaciones no nos atrapan, las dejamos ir y venir, fluir a su antojo a la misma velocidad que cambian nuestros pies de dirección.

Hace dos días llegábamos a Kuala Lumpur, de noche, y nuestro corazón saltaba al reencontrarse de nuevo con la artificialidad de los rascacielos y las luces centelleantes de las sociedades consumidas consumistas. Hoy dejamos de nuevo la capital de Malasia para dirigirnos a un destino que llevamos mucho tiempo esperando. Una isla paradisíaca, tranquila y repleta de fauna exótica. ¡Las islas Perhentian! Concretamente, Pulau Kecil.

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La suerte nos aleja de la turística Long Beach y nos lleva a conocer a Zany, un anciano adorable que regenta el hostal Maya en Coral Bay, en el que nos alojamos ocho maravillosos días. A Zany no le importa tanto el dinero como la felicidad de sus huéspedes. Varias noches nos invita, junto a otros viajeros, a cenar marisco y pescado. Otras nos permite cocinar unos maggie (comida mochilera por excelencia, pues en las tiendas de la isla hay poco más por comprar) o dormir en una habitación si la tormenta aprieta. Zany tiene un corazón enorme y es uno de los principales motivos por los que nos sentimos tan a gusto en Pulau Kecil. A veces se lamenta del drástico cambio que se ha producido en la isla los últimos veinte años; dice que antes era más limpia y tranquila, y los pocos turistas que había tenían más conciencia. Estamos de acuerdo, pero Pulau Kecil sigue siendo un pequeño bombón, sabroso, pequeño y cuidado. No es como esas islas de Tailandia llenas de gente, fiestas y ruido. Aún es posible perderse entre sus playas y sentirse únicos frente a la magnificencia del océano.

Dormimos en una tienda de campaña frente al mar. Los días se suceden tranquilos, entre baños calientes, siestas de hamaca y sesiones de canto y cerveza con algunos amigos nuevos. Nos encanta prescindir de las caras lanchas y escalar a nuestro antojo por las rocas, descubriendo rincones solitarios y hermosos. Una hora traveseando por las rocas – una ruta un poco peligrosa, por lo que no la recomendamos – nos conduce a Romantic Beach, una de las playas más populares de la isla. Es preciosa y disfrutamos como nunca haciendo snorkeling en sus aguas cristalinas. Miles de peces de colores vienen a saludarnos y a mordisquear nuestras piernas desnudas. Nuestros pies rozan unos bultos viscosos, ¡los pepinos de mar! Es emocionante sentirse parte del océano, un todo bello y poderoso del que se puede ser partícipe sin dañar o alterar. Dentro del agua nos sentimos meditar, la mente clara y sin ruido; el buceo no permite pensar, solo observar, contemplar, fluir.

En otra ocasión nuestra escalada nos lleva hasta una playa desierta en la que somos los únicos protagonistas. Nos sentimos dentro de una película. Un paraíso low cost al que nunca pensamos llegar con un presupuesto tan bajo. El paisaje es como esas imágenes de las agencias de viajes que mirábamos de reojo, casi con envidia. Ahora estamos aquí. El agua es cálida y cristalina, la arena blanca y las palmeras se mueven con la brisa ardiente del mar.  Desnudez y libre albedrío. Libertad en estado puro.

Otras playas que nos han enamorado son Rainforest beach – un lugar hippie en el que acabamos jugando al voleibol con unos chicos italianos – y Mira y Petani beach (ambas caminando a la derecha de Coral Bay, en el lado opuesto a Romantic Beach y a nuestra playita desierta).

Nuestra excursión al pueblo de los pescadores, Fishing Village, acaba siendo una aventura muy intensa. Tras una hora de caminata y un par de horas comiendo y comprando por allí, nos sorprende una lluvia torrencial. Atrapados durante horas, en la más absoluta oscuridad, la impaciencia nos lanza a la boca del lobo. Un regreso de lluvia y de lodo, de caídas y pérdidas hasta llegar a casa. Y casa es una tienda inundada en medio de la arena, volada del refugio y embarrada hasta los colchones. Un día fatídico pero maravilloso.

Nunca quisimos irnos de las islas Perhentian, tierra y agua en las que soñamos y aprendimos a no hacer, a ver con los ojos del alma y a mecernos en el paraíso al que nunca creímos llegar y la vida nos trajo en secreto. Pero nuestro viaje continuaba, siempre continúa. Con tanta energía, ¿por qué no seguir con un poco de auto-stop?

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CONSEJOS PRÁCTICOS:

CÓMO LLEGAR:

La manera más sencilla es tomar un autobús desde Kuala Lumpur hasta el pueblo pesquero de Kuala Besut. Una vez allí coger una lancha motora hasta Pulau Kecil (si se decide ir a la isla menor de las Perhentian).

DÓNDE DORMIR:

¡Maya Hostel en Coral Bay, sin duda! A sólo 5 euros la tienda de campaña doble.

DÓNDE COMER:

Nosotros comimos muchas veces en Ewans Café, aunque más que nada por la buena conexión wifi que por la comida en sí. ¡No dejéis de probar el curry de verduras! En Coral Bay hay varios restaurantes a pie de playa, aunque la relación calidad/precio no es muy buena. Es posible, por las noches, disfrutar de una parrillada de pescado por un precio bastante económico.

Si se desea hacer una compra más grande para cocinar (además de pan y noodles), es una buena idea ir a Fishing Village, el pueblo de los pescadores, donde es posible encontrar frutas, verduras, huevos, latas de conservas…  ¡Mucha más variedad y mucho más barato! En el pueblo, además, se encuentra el hospital y la policía, por si tenéis algún problemilla.

QUÉ HACER:

-Descansar, nadar, escalar y perderse por las playas casi “vírgenes” y paradisíacas.

¡Snorkellng! Bien por vuestra cuenta o bien contratando unas horas con alguna de las agencias de Coral Bay. El precio es bastante económico y consta de un recorrido con tres paradas en las que es posible ver hermosos corales, tortugas  (¡¡maravillosa experiencia!!) y tiburones pequeñitos. Aunque, a esto debo añadir, que es preferible ir por su cuenta, ya que en el caso del Turtle Point, resultaba agobiante ver a tantos turistas nadar tras las tortugas. Creemos que puede ser estresante para ellas sentirse observadas y seguidas por tantos seres humanos, incluso siendo ésta una actividad respetuosa.

-Expedición por la jungla. ¡Seguramente os encontréis alguno de los lagartos gigantes de la isla!

-Paseo tranquilo por el pueblo de los pescadores con sabrosa comida incluida.

-Cursos de buceo mucho más económicos que en Europa.

-Rutas de pesca con guía.

-Si sois muy fiesteros, ¡arread a Long Beach a beber mojitos y conocer gente de todas partes del mundo! 🙂

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Un comentario en “Un sueño en las Islas Perhentian

  1. Toni dijo:

    Cuando leo lo que escribes me siento viajar a el lugar que estas describiendo. Tus frases son pura poesia y en esta entrada se ve que has puesto toda tu alma. Habeis estado en el paraiso sin duda, espero poder algun dia seguir vuestros pasos.

    Me gusta

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