Koh Phangan, la isla que nos eligió

Entre tanta oferta de islas paradisíacas en Tailandia, no sabíamos por cual decidirnos. Sabíamos que no buscábamos las islas de catálogo que acaban siendo arruinadas por la multitud de turistas que se acerca a beber de ellas, aunque con las lluvias amenazando la costa oeste no teníamos tantas opciones. Un inminente reencuentro con unos buenos amigos nos lanzó a la isla de Koh Pangan, hermosa y, en contra de lo que se cree, muy tranquila si no se visita durante la fiesta de Full Moon Party.

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Advertimos rápidamente que Tailandia es un destino excesivamente turístico cuando, al bajar del ferry, unos cuantos hombres y mujeres thai comenzaron a hostigarnos para ofrecernos hostales y resort que excedían los precios que teníamos en mente. Durante toda nuestra estancia fuimos descubriendo que la gente, en general, era hostil con nosotros. La explicación parecía estar en la incesante masa de turistas que acuden cada año a sus islas. Muchos con buenas intenciones, pero muchos otros sin conciencia alguna se dedican a ensuciar las playas, consumir drogas y tratar irrespetuosamente a los locales.

Nuestra estancia en Koh Pangan fue, obviando ciertos momentos de trato difícil, maravillosa. Es una isla preciosa y muy verde, aún no demasiado explotada. Alquilamos una moto (4 dólares/día) con nuestros amigos y decidimos recorrer la costa. ¡Nos encantaron las playas del noroeste y las cercanas a la famosa playa de Had Rin! Añoramos el sentimiento de libertad que saltaba en nuestro pecho con la velocidad de la moto surcando las empinadas cuestas y el viento agitando nuestros cabellos revueltos mientras nos embriagaba el olor a salitre. En Koh Phangan hay playas de ensueño, noches de fiesta desenfrenada, tardes tranquilas de hamaca y cerveza Chang y mañanas perfumadas de sol y de vida. Si la compañía es tan buena como la que nosotros tuvimos, no es difícil sentirse en el paraíso.

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Eso sí, el precio a pagar es un trato no tan dulce como el que nos dispensaron en las Islas Perhentian, en Malasia. La gente que se dedica a la hostelería puede llegar a ser bastante agria. En nuestro hostal, el dueño nos trató con agresividad y nos obligó a pagarle una multa de 1100 bath (unos 30 euros), por hacerle un pequeño rasguño a la moto. El negocio que tienen en Tailandia con las motos consiste en cambiar constantemente la carrocería para, ante la mínima raspadura de ésta, cobrar una cantidad desorbitada a los turistas bajo la amenaza de no devolverles el pasaporte. Un alquiler de 4 dólares puede acabar pasando una gran factura. Después, en el ferry, en un momento de despiste, nos robaron la botella de agua y las chanclas. Sí, al parecer éstas también son un objeto cotizado.

El país de las sonrisas no pareció serlo para nosotros en Koh Phangan. Casualmente tampoco para nuestros amigos, ni para la gente con quien nos encontramos en el camino. Unas chilenas nos dicen que les robaron de las mochilas. Otros chicos nos cuentan que les pasó como a nosotros, les cobraron una barbaridad por un pequeño rasguño en las motos. Puede que en sus orígenes los tailandeses fueran amables con los turistas, pero ya se cansaron. Creo que es nuestra culpa, que vinimos en masa a mancillar la belleza de sus tierras, a contaminar de alcohol y fotografía barata la dulzura de sus costas y acabamos devorando su paz y truncando sus sonrisas en muecas de angustia. Buscamos la hermosura salvaje, las playas vírgenes y solitarias. Las buscamos tanto que acabamos siendo miles buscando lo mismo y quebrando el mismo objeto de nuestra búsqueda. Es una fortuna que cada vez más personas podamos viajar libremente, pero a la vez acabamos arruinando la magnificencia que nos ha traído hasta aquí. El despilfarro, la falta de conciencia, las fiestas descontroladas, masificación y mala educación. Aunque no todos somos iguales, claro.

Y aun así, aunque los tailandeses tengan la excusa perfecta para detestarnos, nos duele su trato. Nos duele llegar con ilusión y recibir malas caras, gritos, desprecios. Nos duele que nos mientan y nos roben en la cara, y que la Policía cubra estos abusos. Nos duele querer conocer su cultura y ser recibidos como un turista más, un recurso para conseguir dinero, un descerebrado más a quien extraer hasta el alma que no tiene. Pero preferimos pensar que es legítimo, que de un modo u otro todos nos hemos buscado este trato. Preferimos cerrar los oídos al ruido y quedarnos con la ternura de aquellos thai que aún nos han dado una oportunidad. Abrir los ojos y mecernos en su mar eterno…

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CONSEJOS PRÁCTICOS:

CÓMO LLEGAR (desde Malasia):

-La manera más cómoda de ir desde Malasia es tomando un autobús desde Penang hasta la ciudad fronteriza de Hat yai, en Tailandia, y acto seguido otro autobús más a Surat Thani y  un ferry de 3 horas hasta Koh Phangan.

DÓNDE DORMIR:

-Nosotros dormimos en Cosi Bungalows, por tan solo 250 bath la habitación doble. No estuvimos muy contentos, ya que las camas eran como losas de piedra y el personal nos trató de un modo desagradable, pero desde luego fue lo más barato que encontramos.

DÓNDE COMER:

Jahal restaurant. Deliciosos pat thai de verduras, calamar o pollo a 40 bath.

ALGUNOS PRECIOS:

-1 euro = 39 bath

-750 Autobús + ferry desde la frontera malaya a Koh Phangan. Recomendamos hacer autostop ya que Tailandia es uno de los países más fáciles para hacer dedo.

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Un comentario en “Koh Phangan, la isla que nos eligió

  1. Maria dijo:

    Enhorabuena has descrito Tailandia como yo la vi. Precioso paraiso de hermosas playas . Pero abarrotado de turistas que no respetan el entorno y locales maleducados y agresivos que solo parecen querer sacarte el dinero. Yo tambien aquile una moto y para colmo me la robaron. Tuve que denunciar el hecho y dar mil vueltas y al final aunque aparecio pague un monton por los desperfectos. Me quedo con la belleza de sus paisajes pero olvidare la acritud de sus gentes. Aunque te doy la razon mucha culpa es nuestra por que no nos comportamos como deberiamos y muchos creen que todo vale cuando estas de vacaciones en otro pais que no es el tuyo. Me encanta como escribes sigue haciendolo me anima a visitar los sitios que describes.

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