Las sorpresas de Mui Né

Llegamos haciendo a dedo a la ciudad costera de Mui Né. Si bien a simple vista parece el Benidorm de Vietnam para rusos, alberga rincones preciosos por los que perderse. Un cachito de paz tras el caos de motos y algarabías de las capitales vietnamitas.

Sin expectativas nos plantamos en Mui Né y  a simple vista nos horroriza un poco. Hay más letreros escritos en ruso que en vietnamita, demasiados turistas con poca ropa y malos modales y en la entrada de los restaurantes hay peceras con peces, moluscos, ranas e incluso serpientes exhibidas para los futuros comensales. Se nos revuelven las tripas. Y esto no es nada, en los menús también se oferta carne de cocodrilo.

Alquilamos una moto y rápidamente huimos del gentío. Penetramos, como nos gusta, en las calles abandonadas a las que a nadie interesan. Estrechos senderos rurales que se nos antojan mucho más auténticos. Topamos con una playa desierta, muy salvaje, en la que tomamos un baño un poco revuelto. Las aguas del Mar de la China Meridional se agitan con furia. A pesar del calor, un temporal se precipita. Mientras estamos en el agua unos niños se acercan a observarnos y juegan a ver quién es más valiente de venir a saludar. Nos reímos con ellos, aunque pronto se asustan y corren a su casa.

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Más tarde, no podemos resistirnos a ver Las Dunas Rojas de Mui Né, más cercanas que las también famosas Dunas Blancas. Un pedazo de desierto en medio del paraíso tropical. Nos tiramos, rebozamos y teñimos de naranja. ¡Qué extraña actividad después de bañarse en el mar! ¡Qué cambio tan drástico de entorno!

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También nos cautiva el Arroyo de las Hadas (Fairy Stream), una senda de arena por la que fluye un pequeño riachuelo hasta dar a un monumento natural de piedra, similar a la Capadoccia turca. Un paseo breve pero mágico. Unas ancianas venden postres en las orillas, con sus Nón Lá (típicos gorritos cónicos de sol y lluvia) sobre sus cabezas morenas.

Antes de llegar a Vietnam, nos habían advertido de que los locales eran muy rudos y que sería difícil caerles en gracia. Sin embargo, para nosotros no fue así. Disfrutamos de varios momentos de café y tabaco con una familia que ostentaba una tienda de ultramarinos en una esquina de la avenida principal y nos enseñaron algunas palabras de estar por casa. Cam on!, para decir gracias. Xin chào, buenos días. Y los números del 1 al 10. Advertimos – quizás un poco tarde, pues podríamos haber empezado a ponerlo en práctica desde el día 1 de nuestro viaje por Asia –, que si aprendíamos unas cuantas palabras básicas en vietnamita, aunque luego pasásemos de nuevo al inglés, los autóctonos nos sonreían mucho y trataban de entablar más conversaciones con nosotros. No es lo mismo empezar una conversación en inglés, exigirles que hablen ese idioma, a que vean que intentamos hacer esfuerzos por comunicarnos con ellos. Es cierto que tienen mucho carácter, pero en general son abiertos y acogedores.

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CONSEJOS PRÁCTICOS:

1 euro equivale más a o menos a 24.800 dongs. 

DÓNDE COMER:

-Tras la fúnebre exposición de animales en la entrada de los restaurante, comimos vegetariano más a gusto que nunca. Recomendamos el restaurante de comida vietnamita y thai  Bamboo & bamboo. ¡Pollo y salchicha vegana mmm!

DÓNDE DORMIR:

-Nosotros dormimos en Nha Ngi Huyen Phuong, en la avenida principal. 6,5 dólares la habitación doble. Lugar 100% recomendable, con aire acondicionado.

QUÉ HACER:

  • Alquilar una moto (4-5 dólares) y recorrer los lugares más ocultos de Mui Né.
  • Visita a las Dunas de Mui Né. Las más cercanas son las Dunas Rojas. Os pedirán una propina por aparcar la moto en los restaurantes de en frente.
  • Fairy Stream, un lugar único de entrada gratuita.
  • Un bañito en sus playas, especialmente al atardecer. Si disponéis de moto encontraréis playas desiertas para disfrutar de un momento más especial.
  • Acompañar a los pescadores por la noche a pescar gratuitamente.

REFLEXIÓN DEL CAMINO:

Cuando hablamos de lo injusto que es que nos cobren de más por el hecho de ser turistas, creo que no deberíamos hablar de justicia sino de conveniencia o inconveniencia. No es conveniente para nuestro presupuesto, para nuestra ¿dignidad? que nos cobren cuatro veces más que el precio original de un producto. ¿A quién le gusta sentirse engañado o que le cobran de más? Pero en el fondo exigimos algo que no nos es del todo legítimo, pues ¿cómo podemos hablar de justicia cuando una hora de nuestro trabajo equivale a 10 del suyo? ¿Cuándo una comida que para nosotros no supone nada para ellos  significa horas de esfuerzo? Y nos enfadamos, pataleamos y hablamos de equidad, cuando ésta no existe si venimos a estos países con una moneda más fuerte y pretendemos comprar al mismo precio que ellos lo que tan humildemente venden. Con esto no justificamos que nos cobren 10000 veces más, somos los primeros que disfrutamos de sus precios bajos y que intentamos por ello consumir en sitios locales y no turísticos, pero debemos entender la diferencia entre lo que nos conviene (que me cobren menos) y lo que es justo o no (que nuestros honorarios se igualen).

 

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Un comentario en “Las sorpresas de Mui Né

  1. Maria dijo:

    Me parece entrañable vuestros esfuerzos por relacionaros y conocer un poco mas a las personas que os encontrais a vuestro paso. Me parece muy bonito de verdad. Cuando viajamos, muchos solo vemos los paisajes y los monumentos e innoramos a sus gentes. Y la reflexion final esta muy bien. Estoy de acuerdo

    Me gusta

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