El sueño azul de Chefchaouen

El tiempo no transcurre del mismo modo en Chefchaouen. En este pequeño pueblo, situado en las faldas de las montañas del Rif, conceptos como la prisa o el estrés, no tienen cabida.  Se disfruta simplemente perdiéndose por su laberinto turquesa y dejándose sorprender por callejones de un azul inigualable, subidas y bajadas por las calles que conforman el cálido iglú de la medina de Chaouen.

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En el sueño azul todo puede suceder. Decenas de chicos que se acercan para ofrecer kifi (preparación de marihuana), gente muy agradable que quiere conocer de dónde venimos o timadores varios que provocan situaciones de verdadero apuro. A nosotros nos sucedió que un hombre nos pidió por favor que escribiéramos unas líneas en español para un libro de visitas que tenía en la tienda. Accedimos, creyendo ingenuamente que estábamos haciéndole un favor al hombre, y éste rápidamente nos sentó, nos sirvió té y se puso a contarnos sus historias sobre el Sáhara Occidental, de donde él procedía. Cuando ya nos tenía encandilados, cogió un cofre de madera y comenzó a sacar un montón de joyas bereberes enormes y para mí gusto feísimas y nos instó a comprar algunas. Nosotros le señalamos que estábamos allí para escribir las palabras en español y que no teníamos interés en comprar nada. Él nos dijo que nos hacía una oferta (450 MAD por un brazalete, unos 42 euros) y comenzó a apelar a nuestra buena voluntad, ya que todo ese dinero, según él, iría para las mujeres de la montaña, que estaban enfermas. Le dijimos que no pensábamos regatear, que agradecíamos la hospitalidad, pero que no queríamos comprar, y que si las mujeres estaban enfermas, que nos diera el nombre de las medicinas y que las iríamos a comprar. Empezó a ponerse muy nervioso y de pronto vino el jefe muy enfadado, comenzó a sacudir las joyas delante de nuestros ojos y a decir: ¡Que las compréis! Venga, ¿cuánto me dais? ¡5 EUROS AL MENOS! Le dijimos que no nos estaba tratando bien y nos fuimos escandalizados.

No fue una buena experiencia, aunque comprendemos que no hay que generalizar y que esta gente no representa, ni mucho menos, a la población marroquí. Para la próxima estuvimos mucho más listos declinando las ofertas dudosas. En general, los vendedores son amables aunque un poco pesados. Nosotros usábamos la estrategia de darles largas diciendo “después” o “si eso mañana”, creyendo que era inteligente, ya que eso les calmaba más que un rotundo NO. Nuestra sorpresa fue cuando caímos en la cuenta de que al día siguiente nos perseguían diciendo que les habíamos prometido que “hoy” les compraríamos. Los marroquíes son gente de palabra. Después de todo, nos resultaba muy cómico.

En el maravilloso lugar de Chaouen, actividades tan simples como respirar y beber agua fría (que procede del manantial de Ras el-Maa) de las fuentes de la medina, al más puro estilo local, se convierten en una delicia. También es muy agradable sentarse en una terraza a tomar el popular té a la menta y ver la vida pasar. En ocasiones, los transeúntes obviamos muchos detalles y no es sino cuando nos sentamos a contemplar a la muchedumbre, que comenzamos a comprender el ritmo de un lugar.

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Tomar una bebida refrescante mientras se tienen los pies sumergidos en el agua también es posible en Chaouen, si uno se dirige a las cascadas que hay al final de la medina. ¡Aunque hay que tener mucho cuidado con las abejas! Sienten especial debilidad por el té y las bebidas dulces, y están dispuestas a dar su vida por un chapuzón de azúcar.

Cabe señalar que los amantes de los animales podemos pasarlo bastante mal en algunas ocasiones en Marruecos. Burros agotados por las pesadas cargas que les fuerzan a llevar, gatos raquíticos mendigando un poco de comida, avestruces que pasan horas al sol para hacerse fotos con los turistas… Todo un catálogo de horrores animales.

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Pero, en general, Chaouen es un lugar increíble donde se respira mucha paz.  Uno de mis lugares preferidos del mundo mundial son las vistas de la medina de Chefchaouen desde la “Mezquita Española”. Además, tuvimos la suerte de que un señor muy amable (que estaba jugando con su hija) nos regaló pan de canela y semillas, riquísimo y recién horneado. Y, ya se sabe, todo acompañado de buena comida es mucho mejor 🙂

DÓNDE DORMIR

Nos alojamos en el hotel Souika, un lugar limpio, económico (140 MAD la habitación doble) y con una terraza con unas vistas hermosas de las montañas y de la ciudad. Además, el personal que trabaja allí ¡es muy simpático y atento!

Si se quiere dormir aún más barato, es posible hacerlo en alguno de los colchones de la terraza 🙂

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DÓNDE COMER

Sin duda, el restaurante Sofía. Una mujer marroquí que habla perfectamente español es además la cocinera de este encantador restaurante. ¡Uno de los mejores lugares donde comimos en Marruecos!

No dejéis de tomar un delicioso batido de frutas en las terrazas cerca de la concurrida plaza de Utta Hammam.

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Un comentario en “El sueño azul de Chefchaouen

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