Senegal, teranga y limbo

Hace tiempo que ya no escribo como antes de mis viajes. Tampoco la mayoría de países europeos que he visitado tienen un hueco en el blog. La vida fluye de una manera diferente y hay prioridades que, lamentablemente, dejan de serlo, aunque siempre reservaré un huequito de mi corazón para Almas Nómadas. Ahora vivo en Mauritania y voy a publicar mi primer libro de poemas, El Baile de los Girasoles. Destino mi energía a otros proyectos, aunque creo que debía hacer una pequeña gran entrada sobre Senegal, el país de la teranga: la hospitalidad de sus gentes.

Dakar, como gran capital africana, es un caos que atrapa por sus colores y estímulos y que repele por su contaminación, su tráfico y su ritmo frenético. Tras maravillarme con el descomunal monumento a la Renaissance Africaine, el faro y la hippie playa de Mamelles y el museo de Civilisations Noires (muy interesante, pero que alberga casi más detalles sobre la financiación y los proyectos de los chinos que sobre la cultura panafricana en sí), decidí huir de la gran ciudad. Sé que hay mercados, barrios y lugares increíbles por visitar, pero cuando hay poco tiempo, prefiero vibrar en sintonía con la naturaleza y sus hermosos paisajes. Me despido de Cristina y Pascaline, para reunirme al día siguiente con Olivier y sus amigos.

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La Isla de Goré es el comienzo de un viaje de ensueño. Paradójicamente, su belleza contrasta con la realidad de la isla durante más de tres siglos. Es en Goré donde tenía lugar un inmenso mercado de esclavos, que eran encerrados durante semanas en condiciones infrahumanas hasta conducirlos a los Estados Unidos, al Caribe y a Brasil, principalmente. Paseando por sus callejuelas de coloridas casas coloniales y oteando el horizonte de sal y fuego, cuesta concebir el horror que el guía va narrando. La Casa de los Esclavos que visitamos nos susurra una etapa de la historia que, lamentablemente, no queda tan lejos de la realidad de muchos seres humanos hoy en día. Hacinamiento, tortura, dolor. Y la aplastante asunción de haber perdido la libertad para siempre.

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Saltamos de Goré a Mbour, al oeste de Senegal, en la Petite-Côte. Viajamos de noche para no perder ni un minuto de sol. Tenemos la fortuna de alojarnos en casa de la maravillosa Flore, quien nos da la bienvenida con una soirée con amigos senegaleses, cerveza y arroz con salsa de coco. Conocemos la ONG en la que trabaja, en el corazón de una mini selva verde (¡toda la vegetación es fascinante en comparación con la aridez de Nouakchott!!) y seguimos sus consejos para nuestra visita del día siguiente.

Joal Fadiouth y la isla de las conchas. Fadiouth es una isla artificial formada en su totalidad por una acumulación de conchas de diversos tipos. Aquí coexisten dos religiones: cristianos y musulmanes. Sorprende la armonía de la convivencia, incluso llegando a compartir un cementerio mixto.

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No nos contentamos con caminar por la isla. Queremos surcar las aguas en piragua y perdernos entre los manglares. Nuestro guía es un hombre amable que nos conduce tranquilamente por el mar, mientras avistamos bellos pájaros, unos hombres entregados a la lucha senegalesa, los hórreos típicos del lugar y una pequeña playa secreta que elegimos para bañar nuestras achicharradas pieles. ¡Qué estampa tan hermosa! Parece que hubiéramos diseñado todo el viaje para acabar justamente ahí, en aquel lugar tan increíble, solo que todo es fruto de la casualidad, de la espontaneidad. Las almas con suerte acaban atrayendo otras con la misma luz.

2.

No obstante, cada día nos sorprende con más belleza que el anterior. ¿Cómo puede ser posible? Continuamos nuestro viaje hacia el delta del Sine Saloum, una bellísima región al norte de Gambia, donde confluyen los ríos Sine y Saloum. Un brazo de mar salpicado de manglares y bellas islas donde explorar más de cerca la cultura senegalesa.

Soñamos con un lugar casi tan bello como aquellos que acabamos de dejar atrás. La vida nos sorprende con una estancia en el hotel Nouvelle Vague, en la isla de Mar Lodj. Una calma infinita, las aguas dulces y templadas y un espectacular atardecer regado de cervezas y sonrisas.

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¡Pero aún podía ser mejor! Conocemos a Aisha y a su familia y pasamos dos días comiendo con ellos, bailando y cantando al son de la guitarra de Alfonse, visitando l´île des Oiseaux e incluso durmiendo la siesta frente a su pequeña casita de adobe. No hay nada que llene el alma más de júbilo que poder compartir las aventuras con amistades locales. Bebemos de sus tradiciones, de su respeto hacia las otras religiones (en una misma familia, hay algunas personas practicantes del Islam y otras del cristianismo) y recorremos los senderos de una isla preciosa y exuberante.

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Los días se acaban y el limbo senegalés va llegando a su fin. Risas, conversaciones filosóficas, poesía, canciones, nuevas amistades y la certeza de haber encontrado un pequeño paraíso en este pedazo de tierra ardiente.   

Tras Mar Lodj, de nuevo Dakar, y más tarde Saint Louis. Saint Louis es una ciudad dinámica y muy interesante, rebosante de vida. Sin embargo, espero tener otra oportunidad para visitarla como se merece y poder hablar de ella sin el regusto extraño de unos días de gran confusión. ¿A destacar? El bullicio de sus calles coloridas, las sucísimas playas de la Hydrobase, los múltiples negocios de antigüedades, sus niños juguetones y curiosos, las gentes amables y sonrientes, la música sonando por doquier, la fiesta loca, los estrambóticos finales de noche en un coche con música italo-hispano-marroquí, las tardes de futbolín junto a nuevos colegas senegaleses, la terraza inmensa de Chez Titi y las ganas de morder la vida sin parar.

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2 comentarios en “Senegal, teranga y limbo

  1. Rosa dijo:

    Hacía tiempo que no leía de tu linda prosa, de tus viajes soñados y ensoñadores. Viajar a través de tus ojos es como viajar disfrutado de todo lo hermoso que descubres, sin ninguno de los inconvenientes del propio viaje. Tus bellas historia de viaje, decoradas con esas preciosas fotos hacen que viaje sin viajar y que viva sin vivir tus lindas historias. Gracias por compartir tus experiencias, no dejes nunca de escribir porque tus palabras escritas son poesía para mi alma.

    Le gusta a 1 persona

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